¿Por qué no te deportas y te callas?
La Esquina
¿Por qué no te deportas y te callas?
Por Alberto Avendaño
La cosa se llama “Operation Scheduled Departure” (ojo que “departure” suena a “deportar” aunque significa “salida” que, por otra parte, es una palabra que define la deportación de maravilla, o sea, “salida a patadas”... pero no nos vayamos por las ramas). La cosa, como digo, es una operación (“Operation” —nada que ver con la cirugía, aunque luego de las diversas Guerras del Golfo hay muchos que creen en las guerras quirúrgicas (aunque luego sangren) y no es de extrañar que los mismos se crean ahora que deportar a alguien es como operarlo de país, o sea, extirparle Estados Unidos y reimplantarle México. (NOTA: todos los racistas y muchos en el Gobierno de EE.UU. se creen que todos los indocumentados son mexicanos, incluso que todos los latinos son mexicanos). Mariachis a parte, la cosa es seria: el ICE —esa agencia que incluye la palabra Inmigración y Aduanas en el mismo acrónimo, tal vez para que quede claro que una maleta, una valija, un bulto... es lo mismo que un inmigrante—. Repetimos, el ICE, por boca de su directora, Julie Myers, le ofrece a usted, querido inmigrante, la posibilidad de autodeportarse a usted mismo (hay que hacerlo sonar lo más reflexivo posible, para que no se note que te obligan). Esto es lo que el ICE dice (pronúnciese en español hasta que agarre ritmo): acérquese usted a la oficina del ICE más próxima a su ilegal hogar en Estados Unidos y un agente amablemente le indicará la salida del país a través de la puerta más abierta: generalmente, al fondo a la derecha y al sur del Río Grande.
Principios Está claro que los inmigrantes indocumentados, y quienes llegan a este país en busca de asilo, se han convertido en una masa vociferante para los sensibles oidos del Gobierno. Buscar soluciones realistas, humanistas y sensatas es demasiado complicado para los timoratos burócratas, para los políticos con demasiadas deudas ideológicas en sus distritos e imposible para los racistas. Mientras, la realidad del trabajador indocumentado es la represión, la destrucción familiar, la detención en campos de concentración donde algunos se nos mueren por falta de atención adecuada. ¿Quién puede traer un poquito de cordura? Las últimas palabras saludables las pronunció el cardenal Roger Mahony en Washington DC el 28 de julio. Mahony pidió hablar claro con los inmigrantes y refugiados, presionar a los candidatos presidenciales para que presenten un plan humano para la reforma y se abstengan de demagogia y retórica antiinmigrante, cambiar actitudes de las autoridades hacia los inmigrantes, continuar proporcionando cuidado pastoral y servicios sociales, incluida la ayuda legal a los inmigrantes y sus familias, y trabajar por la reforma de las leyes que afectan a los inmigrantes y refugiados. Amén.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com






