Friday, August 8, 2008

¿Por qué no te deportas y te callas?

La Esquina
¿Por qué no te deportas y te callas?
Por Alberto Avendaño

La cosa se llama “Operation Scheduled Departure” (ojo que “departure” suena a “deportar” aunque significa “salida” que, por otra parte, es una palabra que define la deportación de maravilla, o sea, “salida a patadas”... pero no nos vayamos por las ramas). La cosa, como digo, es una operación (“Operation” —nada que ver con la cirugía, aunque luego de las diversas Guerras del Golfo hay muchos que creen en las guerras quirúrgicas (aunque luego sangren) y no es de extrañar que los mismos se crean ahora que deportar a alguien es como operarlo de país, o sea, extirparle Estados Unidos y reimplantarle México. (NOTA: todos los racistas y muchos en el Gobierno de EE.UU. se creen que todos los indocumentados son mexicanos, incluso que todos los latinos son mexicanos). Mariachis a parte, la cosa es seria: el ICE —esa agencia que incluye la palabra Inmigración y Aduanas en el mismo acrónimo, tal vez para que quede claro que una maleta, una valija, un bulto... es lo mismo que un inmigrante—. Repetimos, el ICE, por boca de su directora, Julie Myers, le ofrece a usted, querido inmigrante, la posibilidad de autodeportarse a usted mismo (hay que hacerlo sonar lo más reflexivo posible, para que no se note que te obligan). Esto es lo que el ICE dice (pronúnciese en español hasta que agarre ritmo): acérquese usted a la oficina del ICE más próxima a su ilegal hogar en Estados Unidos y un agente amablemente le indicará la salida del país a través de la puerta más abierta: generalmente, al fondo a la derecha y al sur del Río Grande.

Principios Está claro que los inmigrantes indocumentados, y quienes llegan a este país en busca de asilo, se han convertido en una masa vociferante para los sensibles oidos del Gobierno. Buscar soluciones realistas, humanistas y sensatas es demasiado complicado para los timoratos burócratas, para los políticos con demasiadas deudas ideológicas en sus distritos e imposible para los racistas. Mientras, la realidad del trabajador indocumentado es la represión, la destrucción familiar, la detención en campos de concentración donde algunos se nos mueren por falta de atención adecuada. ¿Quién puede traer un poquito de cordura? Las últimas palabras saludables las pronunció el cardenal Roger Mahony en Washington DC el 28 de julio. Mahony pidió hablar claro con los inmigrantes y refugiados, presionar a los candidatos presidenciales para que presenten un plan humano para la reforma y se abstengan de demagogia y retórica antiinmigrante, cambiar actitudes de las autoridades hacia los inmigrantes, continuar proporcionando cuidado pastoral y servicios sociales, incluida la ayuda legal a los inmigrantes y sus familias, y trabajar por la reforma de las leyes que afectan a los inmigrantes y refugiados. Amén.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, July 25, 2008

Los jóvenes latinos son muy de aquí

La Esquina
Los jóvenes latinos son muy de aquí
Por Alberto Avendaño

Tengo el privilegio de relacionarme con muchos jóvenes latinos el área metropolitana de Washington. Supongo que es parte de mi trabajo: leo y discuto con ellos sus colaboraciones en El Tiempo Latino, soy juez en algunos concursos de ensayos para jóvenes, mi periódico copatrocina programas de becas y ayudas a estudiantes, y converso con ellos en escuelas secundarias donde soy el invitado en algunas clases de español... De esa relación sólo acierto a expresar palabras positivas: felicidad, sensación de que la superación es posible, conciencia de quiénes son, frustración y esperanza —siempre más de lo segundo. Las estadísticas —y los políticos sólo saben hablar de estadísticas— dicen que nuestros jóvenes abandonan la escuela en cifras excesivas, que el embarazo adolescente alcanza niveles de epidemia, como ocurre con la violencia, el desarraigo y el desencanto. Pero veamos la realidad de esa realidad, la que surge del interior, como si se tratara de una de esas muñecas rusas que salen de sí mismas hasta quedar reducidas a un icono poderoso.

Datos. Un estudio nacional sobre los votantes hispanos jóvenes indica que éstos valoran tanto la cultura estadounidense como la latina. Se definen como biculturales, orgullosos de su grupo étnico o racial y aseguran que ser estadounidense no es tan importante a la hora de definirse. Sin embargo, el 54 por ciento de los entrevistados nació en Estados Unidos. ¿Qué ocurre?
Conclusiones. Que la juventud latina de Estados Unidos es nacionalista cultural, de raíz, antes que de país como órgano político. Es lo que se puede definir como la nueva manera de ser de aquí. El estudio al que hacemos referencia fue divulgado esta semana por “Democracia USA”, una organización nacional de participación cívica no partidista. Cuando conocí a su presidente, Jorge Mursuli, durante un evento en Washington, DC; me impresionó su pasión por los temas de la juventud latina y su capacidad de compromiso. Los dos coincidimos en algo: mientras las cifras nos pintan una juventud de ángeles caídos, nuestra experiencia nos hablaba a gritos de unos jóvenes vibrantes y llenos de opiniones listas para ser escuchadas. Ese es el retrato que debemos enfatizar. Porque existe y es el trampolín sobre el que saltar para superar las barreras que también existen. Los jóvenes encuestados dicen que son conscientes de la discriminación. Pero no hay indicios de desmoralización en su mensaje: dicen que votarán en las presidenciales (casi la mitad asegura que su voto será similar al de sus padres). Trabajo, economía e Irak son los temas, dicen. Pero quienes respondieron a la encuesta en español situaron a la inmigración como el tercer tema de importancia. Son de aquí.

—alberto avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, July 18, 2008

Obama y la caricatura de la discordia

La Esquina
Obama y la caricatura de la discordia
Por Alberto Avendaño

La revista: The New Yorker. El caricaturista: Barry Blitt. El tema: “La Política del Temor”. Los protagonistas: Barack Obama, el virtual candidato demócrata a la presidencia, y su esposa, Michelle. La caricatura: Obama aparece dibujado vistiendo una indumentaria que se identifica con el mundo musulmán, a la derecha se deja entrever lo que parece el retrato de Osama bin Laden colgado de la pared sobre la chimenea; y la esposa de Obama, Michelle, está vestida de lo que se puede interpretar como una especie de guerrillera urbana, un híbrido entre “pantera negra” con rifle al hombro y “joker” femenino. ¿Ofensivo? Tanto como grotesco. Si el humor (el bueno y el malo), la parodia, la sátira no ofende a nadie, es pólvora mojada. Un chiste está destinado a crear rasguños, a provocar contusiones en la piel del alma y las ideas. A convocar fantasmas.

El dibujo. La pareja, Barack y Michelle, está en la Oficina Oval. El dúo dinámico más temido acaba de tomar la Casa Blanca. No sabemos si por votos o por asalto. Para quienes piensan que el alma es blanca, la Casa debería ser ocupada sólo por ciertos inquilinos. Y esos “pensadores” son los verdaderos protagonistas. Barack y Michelle son sólo sus víctimas más recientes. Y tengo la sospecha de que el exceso de cobertura mediática a esta caricatura le hace el juego a esos promotores de la ignorancia, del prejuicio y del temor. Y no ayuda a presentar a dos estadounidenses con legítimas aspiraciones políticas.
Ideas. Un sondeo de Newsweek mostró recientemente que un 39 por ciento del electorado creía que Obama había recibido una educación musulmana durante su infancia en Indonesia. Un 12 por ciento creía que era musulmán practicante y otro 12 por ciento respondió que pensaba que Obama había utilizado el Corán para jurar su cargo como senador federal. El matrimonio Obama es cristiano practicante, pero ¿y qué si fueran musulmanes? Hace más de 40 años a J.F. Kennedy se lo pusieron difícil porque era católico. En las últimas primarias se cuestionó la viabilidad política del precandidato republicano, Mitt Romney porque es mormón. ¿Qué pasará cuando se presente ante el electorado un candidato al que no le preocupe la religión en lo más mínimo? La libertad de culto incluye la libertad de no dar culto. Y a quien le escuece es porque no cree en los principios de libertad individual en los que se asienta esta nación. Entendemos que el país se encuentra en un momento de definición histórica. Parece nueva, urgente y presionante esta realidad de un Estados Unidos de América más diverso, más multicultural, más babel que nunca. Para mí es la feliz confirmación de un país que nunca es, sino que siempre se está haciendo. Los buenos políticos lo saben, lo aceptan y tratan de gestionarlo. No lo temen.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, July 10, 2008

LULAC y los candidatos chupamedias

La Esquina
LULAC y los candidatos chupamedias
Por Alberto Avendaño

Se dice que a los periodistas nos cuesta apreciar a los colegas. Y más divertirnos con el trabajo de los otros periodistas. No es mi caso. Es cierto que procuro no utilizar esta columna para celebrar el trabajo periodístico de otros. Aunque lo he hecho con Jorge Ramos, con Teresa Rodríguez, y con algún reportero de El Tiempo Latino. Hoy lo quiero hacer con Dana Milbank (aunque alguno piense que lo hago porque es columnista del Washington Post, la compañía a la que pertenece El Tiempo Latino). Que lo piensen. La realidad es que el señor Milbank escribió el 9 de julio en el Post y protagonizó un vídeo en el post.com que me hizo llorar de la risa y reir de la tristeza. La parodia en cuestión se tituló Latin Lovers y hacía referencia a la presencia y discursos paralelos, en la convención de LULAC en Washington DC, de los dos candidatos virtuales a la presidencia de la nación: el demócrata Obama y el republicano McCain. Para Milbank fue un ejercicio de chupamedias. Para mi: un convencional ejercicio de sudor político. Pero, como latino —una raíz que no tengo el gusto de compartir con Milbank—, lo sentí como una ofensa.

Palabras. Chupamedias, aduladores, lamecu..., pelotilleros, barberos, lambiscones, jalabo..., quedabien, feraneleros, sobones. Todas son palabras que califican el acto del vendedor poco confiable. Quienes se dediquen a la política deben temer a estas palabras. Pero sobre todo, deben evitar que se les identifique con ellas.
Triste. Ya resultó suficientemente lamentable que Obama y McCain pasaran por la conferencia de LULAC, como antes habían hecho con la de NALEO, montados a un caballo electoral a trote, como para cubrir la cuota. O sea, para decirnos que somos fantásticos y que nos morimos bien en las guerras, y que no terminamos la secundaria y que, primero muro en la frontera y luego ya veremos, y que lo del español está muy bien si no pasa de “¡sí se puede!”... Para decirnos, en fin, nada nuevo. Lo cual es muy grave en año electoral. Pero lo que resulta triste de solemnidad es que organizaciones como LULAC les ofrezcan a políticos y potenciales comandantes en jefe “free lunch”, espacio comercial gratis. ¿Dónde está el liderazgo latino para hacer las preguntas, para proponer los temas, para requerir que se vaya más allá de los lugares comunes, para que se nos hable como una comunidad de aquí y no como un grupo inmigrante que no sabe hablar inglés y que tiene mucho que aprender? Señores de LULAC y señores candidatos: la comunidad latina es de Estados Unidos (los votantes no están de paso) y necesitamos que el establecimiento político nacional aprenda a respetarnos y a traernos agendas en las que podamos creer. Si LULAC no lo hace habrá que organizarse en otro sitio.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, July 3, 2008

Un 4 de julio sin temor a ser de aquí

La Esquina
Un 4 de julio sin temor a ser de aquí
Por Alberto Avendaño

Resulta digna y tensa la imagen de 11 jugadores de fútbol enlazados hombro con hombro mientras suena el himno nacional de su país en un estadio abarrotado. La Copa de Europa —que finalizó en Austria el domingo 29 de junio, con la victoria de una selección española que conseguía el triunfo después de 44 años sin laureles—, manejó la simbología patriótica con coherencia y consistencia. Un grupo de naciones del Viejo Continente corrieron detrás del balón durante un mes. Y fue síntoma de civilizado respeto que sonasen himnos y ondeasen banderas. Fue incluso inócuamente divertido que se mezclasen palabras como el orgullo y el honor nacional mientras atléticos glúteos resbalaban sobre el césped de la cancha. En pocas semanas, los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 deleitarán el paladar de las emociones con medallas, lágrimas, más banderas y más himnos.

La lección. Es saludable manejar la simbología con mesura. Un encuentro deportivo internacional puede ser un buen telón de fondo. No estoy tan seguro de otros contextos. En este país, se sobreactúa lo patriótico y se cae con frecuencia en lo patriotero. Por eso la pregunta “Oh, say, can you see?” encaja bien en el 4 de Julio. El abogado Francis Scott Key escribió el poema que desde 1931 es himno nacional en un impulso emocional al ver que las tropas británicas se retiraban de Baltimore en 1814. Y la bandera de 30 x 42 pies con algunas barras y algunas estrellas siguió ondeando al viento en Fort McHenry.
1776. La Declaración de la Independencia fue ratificada por el Congreso Continental el 4 de julio de 1776 en Philadelphia. Constituye el triunfo de los colonos americanos y del principio del autogobierno. El texto, hermoso y contundente, proclama el derecho a la libertad y a la felicidad. No es ambición desmedida ni idealismo barato. Es cuestión de principios: el derecho a construir, a llegar a ser, es más importante que lo que ya está hecho, lo que ya somos. Eso es lo que está en la base de esta nación. Y lo que desean ignorar quienes se sienten propietarios del rancho y no de la filosofía que da sentido al territorio. Vivimos en tiempos asfixiados por ideologías y carentes de ideas. Por eso se insulta al inmigrante que llega a construir. Defender la Patria debe ser defender la idea de la Patria, no la posesión obsesiva. La mayoría de quienes se organizan en movimientos antiinmigrantes y de lo que padecen quienes patrocinan leyes locales de represión migratoria, es de un complejo de ama de llaves. Cuanto más de aquí somos, nos hacemos menos posesivos y más inclusivos. Tal vez más relativistas, pero también —y eso lo compruebo cada día en contacto con las nuevas generaciones de jóvenes latinos— más emocionalmente estadounidenses. Y eso es fuerza.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Monday, June 30, 2008

Un caballero va de visita a Langley Park

La Esquina
Un caballero va de visita a Langley Park
Por Alberto Avendaño
Era la noche del 24 de junio en la frontera entre Montgomery y Prince George’s. Maryland había sido invadida por un bálsamo cálido y dulce. Había llegado el verano. Y en pocas horas llegaría El Cantante. Pero no aquél que irrumpió en la salsa como un elefante en una cristalería. No aquél que se convirtió en víctima de si mismo, en protagonista de sus dramas, en canción. Sino el otro. El que llega a la salsa a mediados de los años 80 del siglo pasado, como heredero de los pioneros, de los padres disfuncionales y creativos, un poco salvajes y un mucho mágicos: aquel mundo de los 70, aquel mundo de la Fania y de la latinización de Nueva York. Eran las 10 de la noche en la sala CocoCabana de Langley Park y Gilberto Santa Rosa se inclinaba ante un público entregado colocando la mano izquierda sobre una rodilla doblada. Y decía su canción en un micrófono. Afuera, la brisa acariciaba las palmeras de mentira y el neón colorido y decadente. Dentro, las diosas latinas y los reyes del mambo sudaban en la pista.

La voz. En inglés es sinónimo de Frank Sinatra. En español debe serlo del que llaman el Caballero de la Salsa. Porque —con traje y corbata que se resiste a aflojar aunque el concierto se alargue— Gilberto Santa Rosa llegó al más universal de los ritmos latinos con todas las cualidades de los cantantes clásicos. Pero seguro de lo que quería y de quién era: un cantante romántico. Así nace un estilo. Así nace una voz que sabe conectar lo viejo con lo nuevo.

El barrio. Langley Park es el territorio de los hombres solos. Lobos esteparios que confían y desconfían en la misma frase. Inmigrantes que cuentan sus derrotas en botellas de cerveza. El barrio universal de la depresión y de la violencia sin sentido, y del rebelde sin causa. Pero tras ese lado oscuro de la luna Langleyana habita un mundo de esperanza, una semilla de brillantez y de orgullo. Ramón habla en el celular, en el estacionamiento de CocoCabana, con su hija en El Salvador. Le dice que está a punto de ver gratis a Gilberto Santa Rosa. Me dice que se lo ganó con El Tiempo Latino. Yo callo. Él entra en la sala con la energía de un cowboy que llega sediento al saloon. En la puerta conozco a Oxana. Esta panameña había ganado el derecho a conocer en persona a Santa Rosa y fotografiarse con él. Panamá estuvo presente en la sala acompañando al cantante, con bandera y orgullo afrolatino. Oxana vive en Arlington y vino con su hija. “En Panamá hay más músicos que Rubén Blades y en mi casa nos entusiasma Gilberto”, dijo Oxana. Santa Rosa está por encima de las generaciones. Llegó al barrio a suavizarnos la tristeza. Y a erotizarnos la suavidad. Y lo hizo como un hombre solo al frente de su orquesta, como un boricua que rompe fronteras. Como una voz impecablemente vestida.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, June 20, 2008

“Bullying”: la ley junto a la comunidad

La Esquina
“Bullying”: la ley junto a la comunidad

Alberto Avendaño

Era un día más de dilemas en “El show de Pedro Biaggi en la Mañana”, ese programa de radio donde se salta de la salsa a la consejería migratoria o sexual con la normalidad de un golpe de viento. La doctora Claudia Campos escuchaba a una oyente expresar el temor de su hija a ir a la escuela en Virginia. Otra estudiante la tenía amenazada y la había golpeado. Se le quebró la voz a la mujer: su hija le había pedido que regresaran a su país. Ya no quería vivir en Estados Unidos. Le tenía pánico a la escuela. Llamó un hombre: su hijo había sido golpeado, maltratado y humillado por otros estudiantes. La policía visitó la escuela. Pero no hubo consecuencias. A la madre de Virginia y al padre de Maryland les une un terrible sentimiento de frustración. No pueden ofrecerles respuestas positivas a sus hijos porque el sistema no les envía el mensaje de protección que necesitan, se lamentó la doctora Campos. Ahora hay noticias que traen esperanzas para luchar contra los estudiantes que ejercen de matones, de “bullies”.

Nueva ley. El 1 de Julio entra en efecto una nueva ley en Maryland que obliga a la Junta Estatal de Educación y a las juntas escolares locales a que elaboren una política que prohiba de manera efectiva el “bullying”, el acoso y la intimidación en las escuelas. El tema es grave, no solo porque afecta a jóvenes vulnerables, sino porque hay datos que indican que va en aumento y, como comunidad, corremos el riesgo de que se nos escape de las manos.

Riesgos. En el año académico 2004-05 se reportanron 1.000 incidentes en Maryland. En 2005-06 subió a 2.000; y según un reporte oficial, entre el 1 de septiembre y el 13 de enero hubo 1.054 casos de “bullying” y acoso en las escuelas públicas de Maryland. Las investigaciones demuestran que el “bullying” es una forma de abuso que puede tener consecuencias letales, y que en algunos casos se ha vinculado al suicidio de adolescentes. Ocurre en las escuelas, pero también en internet, vía celulares, en los campamentos de verano, entre miembros de una misma familia... Se trata ya de un tema que urge tratarlo desde la perspectiva de la salud pública. La intervención en las escuelas debe balancear la protección a la víctima y el castigo al agresor con el tratamiento y la consejería apropiada para ambos. Las escuelas y los padres tienen que trabajar con los profesionales de la salud para controlar a los estudiantes que persisten en su actitud agresiva. El daño es físico, pero no hay mayor riesgo para la integridad física que el daño emocional y éste es siempre el que cuesta más sanar. Tolerancia cero para los “bullies” no es suficiente si no va a compañada de la revisión del ambiente en el que viven los jóvenes. Y de una alianza poderosa entre escuelas y comunidad.

alberto@eltiempolatino.com