Monday, June 30, 2008

Un caballero va de visita a Langley Park

La Esquina
Un caballero va de visita a Langley Park
Por Alberto Avendaño
Era la noche del 24 de junio en la frontera entre Montgomery y Prince George’s. Maryland había sido invadida por un bálsamo cálido y dulce. Había llegado el verano. Y en pocas horas llegaría El Cantante. Pero no aquél que irrumpió en la salsa como un elefante en una cristalería. No aquél que se convirtió en víctima de si mismo, en protagonista de sus dramas, en canción. Sino el otro. El que llega a la salsa a mediados de los años 80 del siglo pasado, como heredero de los pioneros, de los padres disfuncionales y creativos, un poco salvajes y un mucho mágicos: aquel mundo de los 70, aquel mundo de la Fania y de la latinización de Nueva York. Eran las 10 de la noche en la sala CocoCabana de Langley Park y Gilberto Santa Rosa se inclinaba ante un público entregado colocando la mano izquierda sobre una rodilla doblada. Y decía su canción en un micrófono. Afuera, la brisa acariciaba las palmeras de mentira y el neón colorido y decadente. Dentro, las diosas latinas y los reyes del mambo sudaban en la pista.

La voz. En inglés es sinónimo de Frank Sinatra. En español debe serlo del que llaman el Caballero de la Salsa. Porque —con traje y corbata que se resiste a aflojar aunque el concierto se alargue— Gilberto Santa Rosa llegó al más universal de los ritmos latinos con todas las cualidades de los cantantes clásicos. Pero seguro de lo que quería y de quién era: un cantante romántico. Así nace un estilo. Así nace una voz que sabe conectar lo viejo con lo nuevo.

El barrio. Langley Park es el territorio de los hombres solos. Lobos esteparios que confían y desconfían en la misma frase. Inmigrantes que cuentan sus derrotas en botellas de cerveza. El barrio universal de la depresión y de la violencia sin sentido, y del rebelde sin causa. Pero tras ese lado oscuro de la luna Langleyana habita un mundo de esperanza, una semilla de brillantez y de orgullo. Ramón habla en el celular, en el estacionamiento de CocoCabana, con su hija en El Salvador. Le dice que está a punto de ver gratis a Gilberto Santa Rosa. Me dice que se lo ganó con El Tiempo Latino. Yo callo. Él entra en la sala con la energía de un cowboy que llega sediento al saloon. En la puerta conozco a Oxana. Esta panameña había ganado el derecho a conocer en persona a Santa Rosa y fotografiarse con él. Panamá estuvo presente en la sala acompañando al cantante, con bandera y orgullo afrolatino. Oxana vive en Arlington y vino con su hija. “En Panamá hay más músicos que Rubén Blades y en mi casa nos entusiasma Gilberto”, dijo Oxana. Santa Rosa está por encima de las generaciones. Llegó al barrio a suavizarnos la tristeza. Y a erotizarnos la suavidad. Y lo hizo como un hombre solo al frente de su orquesta, como un boricua que rompe fronteras. Como una voz impecablemente vestida.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, June 20, 2008

“Bullying”: la ley junto a la comunidad

La Esquina
“Bullying”: la ley junto a la comunidad

Alberto Avendaño

Era un día más de dilemas en “El show de Pedro Biaggi en la Mañana”, ese programa de radio donde se salta de la salsa a la consejería migratoria o sexual con la normalidad de un golpe de viento. La doctora Claudia Campos escuchaba a una oyente expresar el temor de su hija a ir a la escuela en Virginia. Otra estudiante la tenía amenazada y la había golpeado. Se le quebró la voz a la mujer: su hija le había pedido que regresaran a su país. Ya no quería vivir en Estados Unidos. Le tenía pánico a la escuela. Llamó un hombre: su hijo había sido golpeado, maltratado y humillado por otros estudiantes. La policía visitó la escuela. Pero no hubo consecuencias. A la madre de Virginia y al padre de Maryland les une un terrible sentimiento de frustración. No pueden ofrecerles respuestas positivas a sus hijos porque el sistema no les envía el mensaje de protección que necesitan, se lamentó la doctora Campos. Ahora hay noticias que traen esperanzas para luchar contra los estudiantes que ejercen de matones, de “bullies”.

Nueva ley. El 1 de Julio entra en efecto una nueva ley en Maryland que obliga a la Junta Estatal de Educación y a las juntas escolares locales a que elaboren una política que prohiba de manera efectiva el “bullying”, el acoso y la intimidación en las escuelas. El tema es grave, no solo porque afecta a jóvenes vulnerables, sino porque hay datos que indican que va en aumento y, como comunidad, corremos el riesgo de que se nos escape de las manos.

Riesgos. En el año académico 2004-05 se reportanron 1.000 incidentes en Maryland. En 2005-06 subió a 2.000; y según un reporte oficial, entre el 1 de septiembre y el 13 de enero hubo 1.054 casos de “bullying” y acoso en las escuelas públicas de Maryland. Las investigaciones demuestran que el “bullying” es una forma de abuso que puede tener consecuencias letales, y que en algunos casos se ha vinculado al suicidio de adolescentes. Ocurre en las escuelas, pero también en internet, vía celulares, en los campamentos de verano, entre miembros de una misma familia... Se trata ya de un tema que urge tratarlo desde la perspectiva de la salud pública. La intervención en las escuelas debe balancear la protección a la víctima y el castigo al agresor con el tratamiento y la consejería apropiada para ambos. Las escuelas y los padres tienen que trabajar con los profesionales de la salud para controlar a los estudiantes que persisten en su actitud agresiva. El daño es físico, pero no hay mayor riesgo para la integridad física que el daño emocional y éste es siempre el que cuesta más sanar. Tolerancia cero para los “bullies” no es suficiente si no va a compañada de la revisión del ambiente en el que viven los jóvenes. Y de una alianza poderosa entre escuelas y comunidad.

alberto@eltiempolatino.com

Monday, June 16, 2008

La paternidad y la política responsable

La Esquina
La paternidad y la política responsable
Por Alberto Avendaño

Salomón... ¿Chávez? En las “cuevas de lobos”, como define el presidente venezolano Hugo Chávez a alguno de los medios caraqueños, crecía como bola de nieve en tormenta, el rumor del hijo ilegítimo. Otro presidente con un vástago en las sombras. Sombras nada más. El mandatario en activo de mayor incontinencia verbal en el hemisferio niega que Salomón Fernández sea su hijo mayor, como éste asegura, y ofrece al país su sangre si hubiera que verificar la paternidad. “Tenga este país mío (...) la seguridad que si yo tuviera alguna duda o la tuviera mañana, yo (diría): Sácame la sangre y hágame la prueba”, dijo, enérgico, el jefe de Estado, quien en otro de sus monólogos expresó: “uno pudiera hacerse una prueba de ADN cuando hay un contexto que lo justifique, pero en este caso no lo hay, ni conozco a la madre de ese muchacho”. Sin embargo, después agregó que mandó a buscar la partida de nacimiento de Salomón para “investigar con seriedad a ver si había alguna posibilidad” de que fuera su primogénito.

Sexo. ¿Tuvo o no tuvo sexo con esa mujer? He ahí la cuestión. Viene de Hamlet, pasa por Clinton y llega a Caracas cuando la tensión del discurso chavista navega por el mar de la contradicción. Hace tres meses, cuando las FARC le entregaron a Chávez a algunos de los secuestrados, el presidente dijo que se debía eliminar a esta guerrilla de la lista de terroristas. Ahora pide a las FARC que libere a todos los rehenes sin pedir nada a cambio.

Paternidad. Y política responsable. En un caso, el ADN, en el otro, gestos claros. Ambos otorgan la hoja de ruta para una vida pública y privada saludable. No se puede borrar con el codo lo que se acaba de escribir con la mano. Él como nadie, fascinado por el ejercicio de padre de la Patria, heredero de Bolívar, debería entender que los mensajes contradictorios confunden. Tanto al hijo como al ciudadano. En sólo semanas, Chávez derogó la ley que legimitaba el espionaje entre vecinos, después de defenderla a ultranza. Algunos dicen que teme que le pase con las elecciones regionales lo que le ocurrió el 2 de diciembre, cuando fracasó en su intento por reformar la Constitución para lograr la elección a perpetuidad. Esa derrota nos ofreció al Chávez más vulnerable desde que recuperó la presidencia en 2002, al sobrevivir a un intento de golpe. ¿Teme que el supuesto hijo ilegítimo, Salomón, lo debilite? Tal vez Chávez conozca el mensaje de la Biblia que considera a Salomón el hombre más sabio sobre la tierra. Un mandatario que basó su poder de 40 años en la seguridad y el control de los suyos. Pero, cuidado, las mujeres fueron su adicción y desviaron su corazón: tuvo 700 esposas y 300 concubinas. El exceso lo acabó. Y además no hubo arrepentimiento suficiente.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, June 6, 2008

No es lo más negro, es lo más diverso

La Esquina
No es lo más negro, es lo más diverso
Por Alberto Avendaño

Me temo que ya no estamos en Kansas, dijo Dorothy, la protagonista de “El Mago de Oz”, al mirar a su alrededor después de ser arrebatada por un tornado. Tampoco estamos en Honolulu. Y no parece Nyanza. De Wichita, Kansas, era su mamá, Ann Dunham. De la provincia de Nyanza, en Kenia, era su papá. Y en Honolulu, Hawai, se crió bajo la tutela de su abuela materna. Es Barack Obama, el virtual candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Es Leo, dicen que el horóscopo de los mandones, del 4 de agosto de 1961. Y trae a la arena política, no sólo la novedad de un presidenciable diferente a lo tradicional, sino un perfil diferente de lo que se entiende por diferente.

¿Afroamericano?. Es blanco de Kansas, africano de Kenia y polinesio de Hawai. Por madre, por padre y por nacimiento. Lo afro de Obama no se conecta con la historia de la esclavitud, con la experiencia africana en Estados Unidos. Aunque su color de piel, según ha contado en sus memorias, le ha servido para sentir el racismo vil y verbal de los otros, en esos tiempos en que despreciar a un compatriota era moneda corriente ante la debilidad de la ley. Pero el Obama de hoy no procede del viaje social afroamericano. Más bien es un compañero de viaje consciente, o un pasajero que se ha beneficiado de la lucha que ha cambiado la historia en este país. Para bien de todos. Lo que hace a Obama diferente es lo mismo que lo convierte en estadounidense por esencia.

País. Estados Unidos encuentra la realidad con Obama. Llega el negro, pero no tanto. Es el momento de la clase media baja que surge de sus cenizas y miserias, al estilo del pasado doméstico de Bill Clinton. Pero no exactamente. Lo que surge con Obama es tan diferente, novedoso y único que es el reflejo de la realidad, de la normalidad con que Estados Unidos vive su realidad diaria, en los hogares, en las escuelas, en los centros de trabajo. A la realidad no le importa que nosotros no nos hayamos dado cuenta de que lo blanco, lo negro, lo asiático, lo latino no conviven, no coexisten, no son parte de un masaíco (aquello del “melting pot” es una frase inútil y momificada). Somos lo mismo. Uno. En este país se gastan a menudo demasiadas energías tratando de identificarnos y generando, en el camino, temores y obsesiones. Temor al inmigrante que nos invade. Temor a perder los valores estadounidenses. Y el tiempo que se pierde en definir esos valores. Y la obsesión con la banderita. Para terminar confundiendo patriotismo con patrioterismo, significante con significado. Y nadie busca la pureza en la mezcla. Y así nos va. Obama no es negro, es diverso. Es americano puro. Sólo le falta saber rodar las erres como los hispanos y comer frijoles. Todo se andará.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com