Friday, April 25, 2008

Clinton, Obama y el apoyo del votante latino

La Esquina
Clinton, Obama y el apoyo del votante latino
Por Alberto Avendaño

No es la raza, el color de la piel o la fácil diatriba blanco/negro. Los latinos, como individuos, padecen de las mismas miserias y actitudes racistas que otros grupos sociales de Estados Unidos. Pero la historia reciente nos dice que la manera en que el votante latino se comporta no está guiada por el prejuicio o los estereotipos raciales. La clave está en la relación que el candidato establece con el votante latino. Tal vez seamos un votante que necesita del acercamiento personal —tal vez porque somos un voto de importancia reciente, todavía no desgastado y que necesita sentirse útil. Por eso Hillary Clinton aventaja a Barack Obama en ese espacio. Hillary fue primera dama de un gobierno que les habló de tú a los hispanos, que los elevó a puestos de prominencia política. Son ocho años en la Casa Blanca y siete en el Senado. Y antes son años de relación política personalizada. No todos han sabido hacerlo: el senador John F. Kerry lo hizo tan mal que le dejó en bandeja el voto latino al tejano Bush. Obama recién camina esta vereda. Un artículo de febrero de este año, publicado en Los Angeles Times y firmado por los profesores Matt Barreto y Ricardo Ramírez, deja claro que es incorrecto justificar el apoyo a Clinton con patrones de voto anti-negro (ni siquiera anti-Obama) por parte del electorado latino. La realidad es que Obama se ha convertido en una figura reconocida y reconocible para los latinos en esta campaña. Hace poco. Cuando llegaron las canciones en español de Obama, ya Clinton se había labrado un buen trozo de tierra política y mediática.

Lo racial. El argumento de que el apoyo a Clinton es consecuencia de la resistencia del votante latino a apoyar candidatos afroamericanos no aguanta el análisis de Barreto y Ramírez. Un buen puñado de alcaldes negros ha sido elegido en ciudades importantes con más del 70 por ciento del voto latino. No es la primera vez que políticos afroamericanos reconocen el cambio demográfico en sus distritos por el crecimiento de la población hispana, al tiempo que aseguran que ese votante se queda con ellos. Incluso Obama ha ganado el voto latino: en 2000 cuando se presentó para el distrito congresional 1 de Illinois ganó más votos latinos que afroamericanos. Y en 2004 cuando se presentó a la nominación demócrata para el Senado, Obama recibió más votos latinos que el candidato Gerry Chico, un hispano. El supermartes le dio a Clinton 67 por ciento del voto latino en California frente al 32 por ciento de Obama. Pero las cifras de éste fueron importantes en Connecticut (35 por ciento), Illinois (42 por ciento) y Arizona (42 por ciento). Además, según una encuesta de la Loyola Marymount University, el 93 por ciento de los latinos opina que el país está listo para elegir a un presidente negro. El reto de Obama no es su color, sino aprender a ganar ese voto. Y no todo son canciones en español.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, April 18, 2008

Desobediencia civil: excesos y simbolismos

La Esquina
Desobediencia civil: excesos y simbolismos
Por Alberto Avendaño

Activistas del Norte de Virginia viajaron esta semana, en auto, más de dos mil millas hasta Arizona para llegar a la frontera y cruzar a México. El sábado 19 tienen previsto volver a cruzar esa frontera, pero esta vez hacia Estados Unidos y sin documentos. La idea, según Jeff Winder del grupo “El Pueblo Unido” y uno de los que cruzará sin papeles, es denunciar la crisis fronteriza “donde los productos fluyen libremente a través de los puertos de entrada todo el día mientras los seres humanos mueren en el desierto”. Este acto de desobediencia civil forma parte de una campaña que culminará el 1 de mayo, en Washington DC, con una manifestación convocada por la organización “Mexicanos Sin Fronteras”.

Lo simbólico. Este tipo de acciones llaman la atención y aseguran la cobertura mediática. Pero dudo sobre su incidencia positiva para la causa inmigrante. Y más temo un incremento de la retórica incendiaria de esos viejos y enojados hombres blancos que acaparan las pantallas de TV en inglés en el tema migratorio. En estos tiempos de reformas aparcadas y de timidez en el liderazgo político del país, lo último que se necesita son más mensajes de hostilidad e ideología apocalíptica. Con el debido respeto para este tipo de activismo —y reconociéndoles su derecho a expresarse—, me resulta imposible compartir el mensaje de “ellos contra nosotros”. La idea debe ser que “nosotros” somos parte de esta nación. Y la política migratoria debe basarse en un consenso nacional, pragmático y con sentido humano.

Los excesos. ¿Por qué se empeñan algunos sectores del activismo político y comunitario de este país en armar su retórica pro inmigrante alrededor de la lucha de clases, de la colonización, de europeos vs. indígenas, para terminar añadiendo a la mezcla la guerra en Irak? En su explicación sobre “por qué cruzamos la frontera de México con Estados Unidos”, la organización “El Pueblo Unido” (www.thepeopleunited.org) dice que “las políticas de odio nos hieren a todos”. Y tienen razón. Pero no parecen entender el mensaje de odio que ellos mismos difunden entre sus “compañeros inmigrantes”. Unos compañeros que se arriesgan hacia el Norte, que se asientan en el Norte, que se convierten en el Norte. Éste es un país donde amplios sectores de la población no “son”, “se hacen”. Las olas migratorias, el tiempo, las luchas sociales, y el complicado debate democrático, hacen que el péndulo de la historia regrese y reivindique al humillado, ponga las cosas en su sitio, por el bien del orden social. Por eso es perjudicial enfrentar al inmigrante con el país que lo necesita a él y que él necesita. Un país del que el inmigrante desea formar parte. Por eso, en estos tiempos de crisis social, respetamos el simbolismo de un acto de desobediencia civil, como cruzar la frontera sin papeles. Y por eso criticamos la retórica con la que se justifica.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, April 10, 2008

Inmigrantes le ruegan a Benedicto XVI

La Esquina
Inmigrantes le ruegan a Benedicto XVI
Por Alberto Avendaño

El Papa Benedicto XVI llega a Washington DC el 15 de abril. El 16, su Santidad cumple 81 años y visita al presidente George W. Bush en la Casa Blanca. El Papamóvil se deslizará por dos emblemáticas avenidas: Pennsylvania y Massachusets. Y oficiará misa en el estadio de los Nationals. Luego viajará a Nueva York donde visitrará la Organización de Naciones Unidas y la Zona Cero. Será una agenda papal llena de actos simbólicos, manifestaciones divinas y retos humanos. Sobre estos últimos, resalta como ninguno a nivel gubernamental la tensión, la represión, la inacción y lo enrarecido del tema migratorio en Estados Unidos. Y el dolor que causa en tantas familias la tragedia de las deportaciones por un problema de estatus. La iglesia católica de EE.UU. se ha pronunciado consistentemente en favor del migrante, sin importar sus papeles. Lo han hecho los obispos, los párrocos, los feligreses.

Lo moral. Me lo dijo con optimismo bíblico el padre Virgilio Elizondo, teólogo, inmigrante, profesor de la universidad de Notre Dame y Premio a la Herencia Hispana: “la iglesia católica no quiere meterse en política, pero no puede callar sobre casos con implicaciones morales profundas. Es tradición bíblica ayudar al necesitado. Hablar del indocumentado es una obligación porque son los sin voz. Es cierto que el salario mínimo, el acceso a la salud o la inmigración son temas con implicaciones políticas, pero la iglesia se centra en lo moral y en lo ético”.

Las plegarias. “¿Por qué nos esconden el rostro humano del debate migratorio y cuál es su precio moral y espiritual?”, se pregunta el padre Elizondo. Otro sacerdote que ha sacado las garras del león cristiano que se siente herido, ha sido el padre José Eugenio Hoyos, director de la Oficina del Apostolado Hispano de la diócesis de Arlington, Virginia. El padre Hoyos en una ocasión se negó a darle la comunión al alcalde de una ciudad virginiana por su hostilidad contra los inmigrantes. Le regañaron en su día a este “arquitecto de almas” comprometido con la tierra que pisa, mientras alza al cielo su plegaria por la reforma migratoria. El jueves 10, la organización del activismo comunitario “Mexicanos Sin Fronteras” entregó una carta en la Nunciatura Apostólica en DC dirigida a Benedicto XVI en nombre de “las víctimas de redadas, arrestos, deportaciones, víctimas del odio, del racismo y de la persecución”, para que el Papa “interceda por los inmigrantes”. Desde esta columna, además, alzamos nuestra plegaria a Santa Francisca Javier Cabrini, la monja italo-estadounidense patrona de los inmigrantes, quien se convirtió en la primera santa norteamericana cuando el Papa Pío XII la canonizó el 7 de julio de 1947. La caridad y la solidaridad humana nunca piden la documentación. Amén.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, April 4, 2008

Lo negro, lo latino y la tensión

La Esquina
Lo negro, lo latino y la tensión
Por Alberto Avendaño

Los latinos también somos racistas. Lo afro, en las diferentes comunidades latinas del hemisferio (Estados Unidos incluído), ha sufrido una historia de discriminación, de estereotipo, de opresión. Y de negación. El problema (y la belleza) es que los latinos también somos negros. “Pero no como los morenos de aquí”, me recordaba recientemente un latino de Washington DC que aseguraba no ser racista. Pocos meses atrás, un taxista cubano en Miami me insistía en que uno no se puede fiar de los negros. Le recordé que su adorada Celia Cruz era negra. Me miró con ojos incrédulos y cambió de tema: me dijo que él había nacido en el mismo barrio que la guarachera de Cuba. Hace unos tres años, un dominicano me enseñó su pasaporte: el documento no pone raza, sino color. “Fíjate”, señaló. Y vi que ponía “indio”. “¡Pero yo soy negro!”, exclamó con indignación. Claro, lo negro es ofensivo. Y, además, los negros son siempre “los otros”. Los haitianos, por ejemplo. O “los morenos” de EE.UU.

La tension. La realidad es que ciertos valores enfermizos y prejuiciosos de algunos latinos sobre lo afro se infiltran en el tejido social de un país que ha vivido una histórica tensión racial marcada por la esclavitud. Pero hace pocas décadas, el mismo país protagonizó una revolución social en la que se cambiaron leyes para evitar que el ser humano blanco fuera un lobo para el otro ser humano. Ahora parece que lo latino y lo afro son la nueva gran tensión.

Lo negro. La tensión se enmarca en el contexto del crimen. Es una realidad: demasiados criminales afroamericanos están atacando a inmigrantes latinos. El objetivo es el robo: saben que estos trabajadores viven del “cash”. Muchos de esos ataques terminan en asesinato. La última tragedia ocurrió en Hyattsville, Maryland: dos inmigrantes salvadoreños murieron víctimas de los disparos durante un asalto la noche del 26 de marzo. En Gaithersburg, también en Maryland, la ola de ataques a trabajadores latinos ya preocupa al fiscal del estado, John McCarthy, quien se ha estado reuniendo con representantes del activismo comunitario latino para escuchar preocupaciones y calmar los ánimos. El error: ya se comienzan a escuchar voces latinas que igualan al afroamericano con lo criminal. Pero quien ataca, el autor de los robos y de los asesinatos, no es un color de piel o un origen étnico, sino un ser humano con valores equivocados que la justicia debe castigar. Si, como latinos, optamos por estereotipar —nosotros también— y por juzgar a la comunidad afro de este país, ¿con qué derecho podemos levantar la voz cuando nos criminalizan, nos insultan, nos agreden? El racismo y el odio —como el crimen— no tienen color. Ayudemos a erradicarlos desde la solidaridad.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com