Thursday, February 28, 2008

La Raza: ola de esperanza y de acción

La Esquina
La Raza: ola de esperanza y de acción
Por Alberto Avendaño

El Consejo Nacional de La Raza (NCLR, por sus siglas en inglés) nació hace 40 años, en 1968, en plena efervescencia del movimiento de derechos civiles. Cuando soñar era imprescindible. Hoy La Raza controla unos 300 grupos afiliados a lo largo y ancho del país, y se ha convertido en la organización latina más grande e influyente. Cuando soñar es posible. Desde el edificio Raúl Yzaguirre —su lider y cabeza visible por 30 años, 1974-2004—, en la calle 16 de Washington DC, La Raza proyecta sus políticas de cabildeo y de acción social en un momento de la historia de Estados Unidos cuando la crisis —hostilidad, intolerancia, represión— puede ser una oportunidad para los hispanos y el reto ya no es empujar sueños, sino materializarlos.

Janet Murguía. Es la actual presidenta y CEO de La Raza. Hija de inmigrantes mexicanos, desde la humildad de su infancia en Kansas, Murguía sabe quién es, de dónde viene y a quién sirve. Los tres ingredientes básicos para el político perfecto. Una pena que no sea candidata presidencial. Abogada, trabajó en el ala oeste de la Casa Blanca para el presidente Bill Clinton, y aún recuerda con ojos vidriosos el día que llevó a sus padres, Alfredo y Amalia, a la Oficina Oval. Don Alfredo le dio la mano al presidente y le agradeció que hubiera llevado a su hija a la Casa Blanca. Clinton le dijo que él sólo había contratado a Janet y que quienes la habían llevado hasta allí habían sido ellos, con su esfuerzo y sus valores. Esta historia es el marco que explica el nuevo impulso de compromiso comunitario de La Raza con Murguía.

Cambios. La organización que preside Murguía se abre a la comunidad y responde a los estímulos positivos —las raíces latinas de Estados Unidos— y a los negativos —las políticas antiinmigrantes de algunas jurisdicciones a nivel local, la debacle migratoria a nivel federal y el rechazo a lo latino de una pandilla de viejos hombres blancos enojados con shows en la TV en inglés—. Janet Murguía fue el primer hispano en ser oradora principal del Unity Breakfast para celebrar el legado de Martin Luther King. La Raza de Murguía recuperó los Premios Alma (presentados y coproducidos por su amiga Eva Longoria) para luchar contra el retrato estereotipado de la imagen latina en Hollywood. La Raza de Murguía se enfrenta al dragón de Lou Dobbs en CNN y lanza la campaña “Ola de Esperanza” para combatir los mensajes de odio contra la comunidad latina en los principales canales en inglés. Y estimula la participación en el proceso político con campañas como “Ya Es Hora. ¡Ciudadanía!” y “Ya Es Hora. ¡Ve y Vota!”. El lunes 25 en Annapolis, Murguía acompañó a cientos de personas, a CASA de Maryland y a delegados latinos del Estado en “La Gran Noche de Inmigrantes en Acción” para rechazar propuestas de ley antiinmigrantes. Y el miércoles 27, La Raza de Murguía se alió con el grupo Democracia USA por el voto hispano. El cambio es movimiento.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, February 22, 2008

Castrismo sin Castro y otros imposibles

La Esquina
Castrismo sin Castro y otros imposibles

Día: martes, 19 de febrero. Hora: 5:15 am. Me despierto con las noticias de National Public Radio donde un locutor habla de Fidel Castro en pasado. Abro los ojos. Pienso: ha muerto. Pocos segundos después escucho que el Comandante ha renunciado oficial y públicamente a otro mandato en Cuba. Hacía 49 años y 42 días que había entrado en La Habana, liderando a una guerrilla que había hecho historia al derrocar a un regimen absurdo, bananero, dictatorial. Lo que vino después también es historia: de la buena y de la mala. Más represiva que compasiva. Más burocrática que creativa, la revolución cambió cosas: sanó cuerpos, alfabetizó mentes y reprimió espíritus. Demasiada complejidad para la simpleza de Estados Unidos que, en política exterior, sólo acepta a sus dictadores y ha tendido a ser posesivo con los carniceros del hemisferio. Tal vez ahora, después del anuncio de Castro, Washington se replantee el embargo: ese gran negocio bilateral que ha unido a ambos países en el grito.

Raúl sin Fidel. El domingo 24 la Asamblea Nacional debe elegir al nuevo dirigente del país. Castro ya no será una opción. Su hermano, Raúl, ha ejercido el Castrismo sin Castro desde julio de 2006. Ha sido un año y medio donde el pragmatismo de Raúl, del que tanto hablan los cubanólogos, sucumbió bajo la sombra del convaleciente comandante. Se dice que ahora Raúl puede regresar a ejercer el poder como segundo de abordo. Que alguien, nacido con la revolución, podría ser la nueva cara el regimen. ¿Será la transición? ¿O el inicio de la China del Caribe?.

Esperanza. Mi único contacto con quien ha sido definido como uno de los líderes más carismáticos del siglo XX sucedió en el otoño de 1991, en el Palacio de la Revolución, junto a un pequeño grupo de periodistas europeos. La Unión Soviética había dejado a los cubanos “colgados de la brocha”, como dicen en la isla, y se habían llevado hasta la escalera. Hubo más crisis y más necesidad —el pan de cada día. Se abrieron algunos negocios privados y se amplió la inversión extranjera. Se decía que “un paso atrás, ni pa’ coger impulso” y, en la realidad, se daba a diario un paso adelante y dos atrás, hasta el aburrimiento.Mientras el cubano vivía “resolviendo”, Castro me respondió a una pregunta sobre el futuro con que la oposición política en Cuba no existía y con que los revolucionarios nunca se jubilan. Hoy el revolucionario de origen gallego, Fidel Castro Ruz, se retira por obligación, no por convicción. El cambio llega a la perla antillana por medio de la biología, no de la ideología. No hay castrismo sin Castro y eso se verá en los próximos meses, y en pocos años. Al final pierde Fidel, pierden 10 presidentes de EE.UU. y el pueblo gana la esperanza. A quien en Miami pide sangre, recordémosle lo que dijo Benazir Bhutto: “La democracia es la mejor venganza”.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, February 14, 2008

Los reyes del mambo en blanco y negro

La Esquina
Los reyes del mambo en blanco y negro

Mambo es una palabra de muchos significados, pero indiscutible poder. Una forma musical cubana y un estilo de baile. La palabra significaría “conversación con los dioses” y al tiempo es el nombre que recibe la sacerdotisa en el vudú haitiano. Los esclavos africanos que llegaron al Caribe trajeron consigo la magia y el vocablo. En 1938, Orestes y Cachao López escribieron un danzón (esos pasitos de salón europeo africanizados) llamado “Mambo”. En 1943, en El Tropicana de La Habana, Pérez Prado se inventó un baile para la música del mambo. Prado se lo llevó a México y luego a Nueva York. En la Gran Manzana lo homogeneizó, es decir, lo hizo atractivo al oído del norte. Llegó a Hollywood, se hizo mediático y, sin pretender que esto suene a comentario racial: se blanqueó. Al músico cubano se le conoció como “El rey del mambo”.

McCain vs. Obama. A oídos latinos de hoy, ese monarca hace más que dirigir una orquesta o dar unos pasos en la pista de baile. El rey del mambo es el que manda, el que marca el ritmo. Y como esta columna trata de elecciones primarias y de música presidencial, después del Súper Potomac del pasado 12 de febrero, hay dos precandidatos que se perfilan como los coronables (y que disculpen los que se ofenden al oir simbología monárquica en esta orgullosa república). Uno es blanco, republicano y ganador virtual. El otro es negro, demócrata y ganador potencial. Los dos son senadores. El primero, un veterano de Vietnam y de la política. El segundo, un novato de la política y un recién llegado a la arena nacional.

¿Y Hillary?. La posición inicial para bailar el mambo se basa en poner los pies juntos y frente a la pareja. La mujer se desplaza ligeramente hacia la derecha del hombre, mientras que la mano derecha del hombre se apoya en el omóplato de la dama y la izquierda coge la mano derecha de la mujer. No sé si habrán comprendido la implicación política de estos movimientos y su estrecha relación con el desinfle de la campaña de la senadora Clinton. Pero no subestimemos a la ex primera dama: su influencia en el partido Demócrata y la posibilidad de que se convierta en la “come back girl” en Texas y Ohio le otorgan un margen de esperanza. Y si no, no. Al final, sería Obama contra McCain. Y viceversa. Lo cual no da para un mambo. Como mucho, para un tango de arrabal de los inicios: cuando los hombres practicaban entre ellos, para mejorarse, en el Buenos Aires del siglo XIX. Y sería una lucha cuerpo a cuerpo —muy apropiado si se demuestra que tango viene de “tangere”, latín para “tocar” o “palpar”. Y será un baile latino porque el voto de la comunidad puede, (ya lo han oido otras veces), hacer la diferencia. McCain espera recolectar los votos latinos que George W. Bush le arañó a los demócratas en su día. Obama necesitará votos en español de tres fuentes: Clinton, el partido y los nuevos votantes. Sin duda, bailarán pegados.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, February 7, 2008

Las primarias, los candidatos y los boleros

La Esquina
Las primarias, los candidatos y los boleros

“Si tú me dices ven, lo dejo todo”, escribió Alfredo Gil y lo cantaron Los Panchos, aquel trío mexicano en el Nueva York de hace medio siglo. Hoy lo dicen los candidatos que intentan convencer a su propio partido de que ellos, y no otros, pueden capitanear el barco que los suba por el Potomac hasta la Casa Blanca. Quien lo consiga, se cubrirá de gloria y heredará un país endeudado y a la deriva. Quien no, navegará hacia el ocaso en la proa de “La nave del olvido”. Y mientras, ¿qué se dicen o qué se cantan entre candidatos? En esta esquina se lo revelamos. Cuando el candidato republicano, ex predicador y ex gobernador, Mike Huckabee se enteró de que Hillary Clinton era una candidata demócrata con opciones, se fue al sur y le recordó a su base cristiana conservadora una bella canción de Agustín Lara: “Pecadora”.

Hillary vs. Barack. Por su parte, Bill le dijo al partido Demócrata, parafraseando a Armando Manzanero: “Llévatela” y ella, al lanzarse a la arena electoral, le dijo a su esposo “Contigo aprendí” que la semana tiene más de siete días. Y en esto llegó Barack Obama: “Voy a apagar la luz” para pensar en tí, mi querida presidencia. Y a dúo con Hillary se dijeron aquello de “Nosotros” que nos quisimos tanto, debemos separarnos... Claro que Bill surge hoy, no sólo como un esposo fiel, sino batallador y enamorado: “Mujer”, si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si alguna vez te he dejado de adorar. Y le dice a Obama: suave, que me estás matando, porque eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón. Y Obama le recuerda al votante que “No existen límites”.

Tres republicanos. Eran cuatro; pero esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú, Giuliani. Los republicanos se distancian del conservadurismo sureño con marca Huckabee y éste le terminará diciendo al partido: “Esperaré a que sientas lo mismo que yo, a que a la luna la mires del mismo color”. Y mantiene al borde del precipicio al ex gobernador Mitt Romney (el factor mormón) quien, a pesar de invertir sus millones, no tomará posesión de la presidencia, pero le cantará: “Mía, aunque tú vayas por otro camino, y que jamás nos ayude el destino, nunca te olvides, sigues siendo mía”. Mientras, surge de entre los aspirantes republicanos la figura del héroe de guerra, de una vieja guardia conservadora con aires de relativa independencia ideológica, veteranía legisladora, y pragmática flexibilidad. Es el senador John McCain quien jura traerá “Alma, corazón y vida” a la presidencia, asegura que se siente joven mientras entona aquello de “Reloj no marques las horas” y le dice a George W. Bush “No, porque tus errores me tienen cansado, porque en nuestras vidas ya todo ha pasado, porque no me has dado ni un poco de tí”. Sin duda, si los preaspirantes supieran ciertas canciones darían mejores titulares. Y quien pierda siempre podría decir aquello de “Me voy pa’l pueblo”.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com