Thursday, January 31, 2008

La legalidad, las mentiras y las licencias

La Esquina
La legalidad, las mentiras y las licencias

Parafraseando, con el debido respeto, a un admirado presidente de Estados Unidos: no se trata de lo que este país hace por los inmigrantes, sino de lo que los inmigrantes han hecho, hacen y harán por este país. Claro que en estos tiempos que corren, el gobierno federal se define por lo que no hace y los gobiernos locales por lo que la inacción federal les permite hacer. Y así, estados y municipios deshacen más que hacen y sientan las bases de una triste tensión migratoria en la tierra de los valientes y los libres. Y esto viene a cuento de que los indocumentados son inmigrantes a quienes muchos políticos se empeñan en ver sólo como números que se pueden restar, o sea, deportables. Y lo deportable es prescindible. Por eso, para algunos el indocumentado no es un ser humano con familia y trabajo, sino un don nadie invasor. Y a don nadie se le puede eliminar impunemente.

Lo legal y lo real. Y ahí está el engaño. La primera mentira. La mayoría de los estimados (no amados) 12 millones de indocumentados (cifra que desde que se maneja ya debió haber crecido lo suyo) tienen un impacto real y positivo. Son trabajadores honrados con estatus ilegal. Pero ser ilegal no es ser irreal. Son muy reales. ¿Quién quiere y puede deportarlos a todos? No se puede. Entonces, ¿por qué se quiere? Si no se quiere que estén aquí, ¿por qué no se propone que el país abra sus puertas a los trabajadores que se necesitan, a los hijos y padres que viven separados, presos de estatus migratorios inhumanos? Si están aquí y no son legales, pero son reales, ¿por qué no se les ofrecen las herramientas hacia la legalidad?

Las licencias de MD. Una de esas herramientas son las licencias de conducir. Son necesarias, además, para la seguridad de todos. Un trabajador indocumentado que se gana el pan con el sudor de su frente no atenta contra la seguridad de las personas con las que convive. El mismo trabajador, si no tiene acceso a una licencia, pone en riesgo la seguridad de todos. Es fácil de entender. Claro que si lo deportamos ni trabaja, ni conduce. ¿Y mientras? ¿Esperamos a que nos choque sin seguro? Ese es el mensaje del gobernador de Maryland Martin O’Malley (D). Primero dijo “sí” a las licencias para todos (es decir, sin tener que demostrar prueba de residencia legal) y luego dijo que “no” porque llegaba la ley federal “Real ID”: esa legislación que crea estratos de burocracia y de presión para que las personas demuestren que son quienes son. Es el momento de la pesadilla: veremos incrementarse los accidentes con culpables sin recursos y las “empresas” que cobran $200 por llevarte a la oficina donde te dicen que un don nadie puede trabajar hasta deslomarse, pero sin conducir. Se calcula que hay 200 mil personas indocumentadas en Maryland. Muchas viven en familias donde unos tienen estatus legal, otros no. Unos podrán renovar sus licencias, otros no. Muchos seguirán conduciendo.
Y todos viviremos más inseguros.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, January 24, 2008

La vida aquí: los sueños, sueños son

La Esquina
La vida aquí: los sueños, sueños son

Hay que dejar de definir “el sueño americano” con aquellos estereotipos materiales de ser dueño de una casa, conseguir un trabajo, prosperar. O aquellos otros estereotipos más espirituales de llevar adelante una familia, realizarte en la vida, aspirar a desarrollar tu potencialidad. Lo primero está sometido a los inconvenientes de la recesión del momento o de la crisis hipotecaria del siglo. Lo segundo, depende un poco de lo primero, pero no tanto como muchos piensan: el desarrollo espiritual, o la felicidad, puede correr en paralelo a las circunstancias materiales más desoladoras. Muchas veces son dos vías que soportan el desbocado tren de la vida. Claro que una casa, un trabajo y un salario ayudan. Pero es triste para quienes deben abandonar sus paises que “el sueño americano” sea, al fin, una vida con dignidad. Lo que es inexacto es que esa dignidad se consiga siempre en Estados Unidos y que no se consiga en otras partes del mundo. Eso es lo que se desprende —sobre todo en época electoral— de muchos discursos triunfalistas, embutidos de barras y estrellas.

Las cosas en su sitio. Hay otras “tierras de las oportunidades” para los desheredados del mundo. Una de ellas es España: ex-imperio y exportador de seres humanos durante décadas en su historia reciente, redescubriéndose a sí misma en sus inmigrantes de América o en los que durante décadas le limpiaron el trasero a Europa. Hoy España es el segundo país receptor de inmigrantes del mundo, la mayoría de Latinoamérica, y maneja políticas de legalización que sonrojarían a la Estatua de la Libertad.

La Estatua de la Libertad. No podemos leer lo que allí está escrito, ni los grandes textos fundacionales de esta nación como la Declaración de Independencia, sin sentir, como mínimo, frustración al ver como, con demasiada frecuencia, la práctica política estadounidense le da la espalda al espíritu y a la letra de sus propios fundamentos filosóficos. Y cuando esto ocurre, “el sueño americano” se convierte en un principio vacío para uso y abuso de retóricos. Porque ese principio no puede existir en paralelo, como dos vías que no se tocan, con políticas de acoso y derribo de inmigrantes o con esa guerra de baja intensidad llamada pobreza viviendo en la puerta de al lado o con la salud concebida como privilegio, y no como derecho. Y es el inmigrante quien lleva a cuestas el sueño como nadie. Criminalizarlo y decir que es sólo a “los ilegales” a quienes demonizamos suena a baratija. Desde que un influyente grupo de políticos decidió hacer de la inmigración indocumentada el gran tema del país, la comunidad latina de Estados Unidos ha sufrido de un señalamiento desproporcionado y de una atención desenfocada por parte de los legisladores. Legalizar a quien lo merece sería una política saludable que concuerda con los principios de esta nación y ayudaría a darle sustancia a la retórica del sueño.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, January 18, 2008

Raza, sexo, origen étnico y elecciones

La Esquina
Raza, sexo, origen étnico y elecciones

Es legítimo —casi inevitable en ambiente electoral— cortejar al votante con aquello que te hace único. Soy mujer, soy afroamericano, soy hispano... o simplemente soy algo distinto de lo que hoy está en el poder. Claro, unos lo tienen más difícil que otros. O sea, si no eres mujer es políticamente riesgoso exponer públicamente tu interior femenino, si no eres negro ni se te ocurra balbucear “ebonics” y si no eres latino nunca comas un tamal sin desenvolverlo. Ah, y si eres blanco y tan parecido al actual inquilino de la Casa Blanca como dos gotas de agua, recuérdale al votante que tú eres el cambio. Y no te preocupes por el significado de la palabra. Todos —mujer, afroamericano, predicador cristiano, veterano de Vietnam, ex-alcalde o ex-actor— todos traen el cambio. ¿Recuerdas aquello de “una rosa, es una rosa, es una rosa...”? Lo escribió una poeta estadounidense autoexilada en París a quien se le perdió el nombre de la flor. Tal vez porque al olor de la flor se le olvida la flor, como también dijo otro poeta. Y el olor del voto hace que los candidatos olviden la substancia del mensaje. O eso parece.

Lo afro y lo femenino. Tal es la tensión electoral que hasta Bill Clinton, esposo de aspirante y llamado en su día “el primer presidente negro de Estados Unidos”, intentó minimizar la ascensión de Barack Obama, quien sí sería el primer comandante en jefe afroamericano. Se abrió la caja de los truenos y la campaña de Obama y la de Hillary Clinton se adentraron en el laberinto de las explicaciones. Se encontrarán con el peligroso minotauro de la distracción.

Frustración latina. No hablemos de la monotonía republicana, sólo espabiliada por el conservador libertario Ron Paul (sin posibilidades) y el multimillonario-mormón-exgobernador Mitt Romney (con posibilidades). Hablemos de la frustración latina: ¡qué democracia tan bella la que nos permite la esperanza! El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, era otro de los que quería hacer historia en 2008. Su papá, bostoniano, se llamaba como él, William. Pero su mamá es Maria Luisa Lopez-Collada Márquez y su esposa es Rosaura Ojeda. ¿Se imaginan esos largos apellidos de vetusta raíz hispana engalanando la Casa Blanca, las recepciones oficiales? En fin, ya llegará el día en que el presupuesto dé para hacer una agresiva campaña en la que se hable de lo latino y de lo estadounidense sin pelos en la lengua y en bilingüe. Todavía no es el momento. Y que nadie busque el nombre de Richardson en los vicepresidenciables demócratas. Mi bola de cristal y mi agudo sentido práctico me dice que sería un excelente Secretario de Estado. Si gana un o una demócrata, claro. Mientras, pongámonos cómodos ante una pantalla gigante de televisión en alta definición y creamos en el espejismo: que los políticos enfocados por las cámaras tienen la talla que parece y definen el futuro que nos merecemos.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, January 11, 2008

La ilusión de los primeros bebés de 2008

La Esquina
La ilusión de los primeros bebés de 2008

No hay momento en que se haga carne como nunca el tópico: “año nuevo, vida nueva”, que cuando nace un niño. Los padres conocemos los nervios de piernas de gelatina y los mareos ante la evidencia: el bebé no viene con un pan debajo del brazo. Trae una lista de responsabilidades. Lo mejor: nace un juego y un amor sin fronteras. Lo misterioso: ese bebé tiene un adulto en su futuro. Pero no hay que resistirse. Aunque haya quien piense que la naturaleza castiga a los niños haciéndolos crecer. Volvamos al presente: después de las 12 campanadas, en la medianoche del 31 de diciembre de 2007 al 1 de enero de 2008, se volvió a producir la magia de los nacimientos. Y me llamó la atención cierto ángulo latino de tan glorioso evento. Lo que sigue son datos —alguno triste— de una noche mágica.

Bebitas y latinas. Según reportó el diario Al Día, que cubre Dallas-Fort Worth en Texas, los tres primeros bebés del año 2008 en esa área fueron niñas y latinas. Lilly Ortega nació dos minutos después de inaugurarse el nuevo año, Maya Álvarez nació 25 minutos después y un minuto más tarde del nacimiento de Maya, a las 12:26 a.m., vino al mundo Leslie Álvarez en otro hospital de Fort Worth. En el área metropolitana de Washington DC, Stella Inez Jones nació a las 12:02 del 1 de enero en George Washington University Hospital. Residirá con sus padres en Columbia Heights, en el Distrito. A las 12:30 a.m. nació Terenzo Jennings en el Inova Fair Oaks Hospital de Fairfax. Y en el condado de Whitfield, en el noroeste de Georgia, el primer bebé se llamó Henry Javier Hernández.

Nacimientos migratorios. Hay que celebrar la diversidad, la pureza de la mezcla y el derecho a la vida y a la residencia. Algo que se debiera ganar con el trabajo y la honradez. En España, por ejemplo, el primer bebé del año es de padres bolivianos, de Cochabamba, y se llama Luis Ignacio. España —país de inmigrantes a América y Europa— es hoy el segundo receptor de inmigrantes del mundo. Recientemente se ha llevado a cabo una legalización masiva y exitosa. Desde 2001, la mayoría de los niños nacidos en California son latinos. Y el primer bebé nacido en el área de Los Angeles en 2008 se llama Justin Hernández, nacido tres minutos después de la medianoche. Pero hay polémica: un hospital de Long Beach dice que tres segundos después de esa medianoche había nacido un bebé afroamericano, Jayden Green. Y según el Diario La Prensa de Nueva York, a las 12:01 a.m. del 1 de enero nació en un hospital de Queens la bebita de una colombiana. Curiosamente, también ésta se disputa honores con otra bebita afroamericana nacida en otro hospital de Queens. La nota triste la reportó la agencia Associated Press: Carmen Marrero dio a luz al primer bebé de Rhode Island en 2008. Pero después de que ella y su esposo, Mynor Montufar fueran entrevistados en los medios de comunicación, Inmigración detuvo al papá.

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, January 4, 2008

2008: es hora de consultar la bola de cristal

La Esquina
2008: es hora de consultar la bola de cristal

Repetimos: lo que se viene es el presente que es heredero del pasado. Por eso sufriremos en los meses por venir de inestabilidad social, económica y emocional. Puede ser un año no apto para depresivos. Pero bueno para trabajar por el cambio. Ya saben: esa palabrita que los políticos con aspiraciones presidenciales usan hasta gastarle el significado. Y hablando de presidenciables: ¿será un mormón, un ex alcalde, un predicador, un héroe de Vietnam, un ex aspirante a vicepresidente, un afroamericano, un hispano o una mujer quien lidere este país? Lo sabremos a finales de 2008. Y por si usted ya lo tiene claro: no se fíe. Nadie pensaba que Richard Nixon llegaría a la presidencia en 1968 después de dos derrotas (la de 1960 a manos de J. F. Kennedy y la de 1962 de llegar a gobernador de California). Y pocos apostaban en 1975 por un empresario agrícola de Georgia llamado Jimmy Carter. ¿Y recuerdan lo fácil que lo tenía en 2000, el vicepresidente Al Gore ante el rey de Texas George Bush II?

Quien sí lo tiene claro. Se llama José Liñán, es estadounidense y limeño. Asegura descender de don Melchor de Liñán y Cisneros, virrey de Perú allá por el siglo XVI. Pero él reside en el condado de Montgomery, Maryland, desde 1976. Don José no usa bola de cristal: él me dijo que “siente” a los candidatos ganadores. Acertó, según testigos, a Reagan en 1981 y que Gore no ganaba y que con Kerry “no sentí nada”. En 2008 lo tiene claro: Hillary Clinton será presidenta. Y don José lo siente como “una revelación”. Por eso habló con su pastor y con este columnista.

La inmigración electoral. El año que se viene encima desborda baratijas de retórica para no ensuciarse las manos en los temas que importan. Quién nos iba a decir que, en un país con enormes retos socioeconómicos y una guerra interminable, la inmigración en general y el inmigrante latino en particular iban a ser tema estelar de campaña. Los republicanos no quieren entender que el apoyo al flujo migratorio es un tema conservador y “pro business”. Los demócratas no se atreven a tomar las riendas del debate migratorio porque creen que la inmigración puede ser moneda de cambio en año electoral. Los unos por los otros, la casa sin barrer y un mensaje peligrosamente unificado: inmigración es crisis, crimen y fronteras vulnerables. Y al mismo tiempo parecen crear consenso en que los legales son “ok”, pero hay que acabar con los “ilegales”. Si esto es así: ¿por qué nadie favorece el aumento de la inmigración legal al país para que pueda llegar más mano de obra regulada y se pueda prescindir de la que carece de papeles? Nadie lo propone porque da más votos alimentar los fantasmas de un electorado asustado ante la posibilidad de que peligre su blanca palidez anglo. O lo que algunos entienden como identidad cultural. Pero la única identidad viable es la de la inclusión. ¿Quién se atreve a proponerla?

Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com