Thursday, September 27, 2007

La Santa y el sueño de los estudiantes

La Esquina
La Santa y el sueño de los estudiantes

Esta semana, la noche del martes 25 en Nueva York, un grupo de estudiantes universitarios, líderes religiosos y activistas comunitarios le rogaron a la patrona de los inmigrantes, Santa Francisca Javier Cabrini, por el futuro de los estimados 65 mil estudiantes de secundaria indocumentados que se gradúan cada año en Estados Unidos. Hubo oraciones, cánticos y velas encendidas en una pequeña procesión presidida por la imagen de Cabrini, la misionera italiana, declarada Patrona de los Inmigrantes el 17 de septiembre de 1950 por el Papa Pío XII, quien la canonizó en 1946. Francisca Javier Cabrini fue la primera ciudadana norteamericana declarada santa por el Sumo Pontífice. La fundadora de las Misioneras del Sagrado Corazón nació cerca de Pavía, Italia, en 1850 y murió en Nueva York el 22 de diciembre de 1917 a los 67 años. Y 67 fueron las instituciones caritativas que fundó en América. Cuando llegó a Nueva York, en 1889, en compañía de un pequeño grupo de misioneras, se dedicó a ayudar a la comunidad inmigrante, mayormente italiana. Luego su caridad se extendió hacia los latinoamericanos.

La oración. “Santa Francisca Javier Cabrini: te pedimos por todos los americanos, los del norte y los del sur, y por toda la juventud en peligro. No dejes de trabajar y de interceder en el cielo por los que todavía luchamos con peligros en esta tierra”. “Santa Francisca, interviene por nosotros para que pase el Dream Act”. Con estas palabras pidieron los creyentes a la santa en la iglesia Santa Teresa del Bajo Manhattan. Y agradecieron a Cabrini que se concediera en Nueva York la licencia de conducir para indocumentados.

El fervor. El religioso y el político, es un trance humano legítimo. Sobre todo en tiempos de disfuncionalidad legislativa, sin marco migratorio que asegure el presente o el futuro de muchos seres humanos vulnerables. Cuando al inmigrante se le sitúa en la cuerda floja del limbo legal, surge la oración como alternativa. El “Dream Act” es un proyecto de ley que permitiría a los estudiantes de secundaria indocumentados ser reconocidos como residentes reales (lo legal vendrá después) y visibles de los estados y los distritos escolares en los que viven. Es una oportunidad para encauzar la vida de muchos jóvenes que son de aquí y no de donde la ley ciega les señala. El derecho a estudiar se lo reconoció en su día la Corte Suprema. El derecho a ser miembros de pleno derecho de nuestra sociedad se lo han ganado ellos a pulso, con su estudio y su comportamiento. Nadie les está regalando nada. Ni siquiera la Santa puede evitar que los legisladores aborden el tema desde el interés y no desde la caridad: el proyecto de ley se incluye como enmienda en la ley de gastos de Defensa. Tal vez en el Senado ven a estos jóvenes como carne de cañón. Eso no importa ahora. Lo crucial es dar un paso positivo hacia adelante. Ser inclusivos y compasivos. Hacer el bien. Amén.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, September 21, 2007

Un poco de humor para el Te, Pe y Ese

La Esquina
Un poco de humor para el Te, Pe y Ese

Así fue como me lo dijo y me lo deletreó Julio Yúdice, ese humorista cuscatleco y corrosivo, cuya creación del personaje “La Tenchis Céliber” es toda una leyenda entre los salvadoreños. La Tenchis participó en el “2do. Festival Salvadoreñísimo de la Independencia” el fin de semana del 15 y 16 en Gaithersburg, Maryland. Y allí, entre la acidez y el duro donaire verbal de sus chistes y sus historias, La Tenchis promocionó el proceso de reinscripción al Te, Pe y Ese (TPS) o programa migratorio estadounidense que acogió en su día a cientos de miles de salvadoreños, a raiz de los terremotos que asolaron ese país en 2001. El programa, que se denomina de “protección temporal”, ampara a todos los salvadoreños que se encontraban en Estados Unidos al 13 de febrero de 2001, que obtuvieron su TPS entre marzo de 2001 al 9 de septiembre de 2002 y que se reinscribieron en 2002, 2003, 2005 y 2006. El Gobierno de El Salvador, la sociedad salvadoreña y las comunidades estadounidenses donde estos inmigrantes se insertan comparten un mismo interés para que unas 240 mil personas puedan vivir y trabajar legalmente en este país. Por eso la información, y el humor, valen.

¿Hasta cuándo?. Esa es la pregunta del millón. ¿Por qué no asimilar legal y definitivamente a estas personas? ¿Por qué no convertirlos en inmigrantes de pleno derecho y sacarlos de ese limbo que es la protección temporal? Mientras Estados Unidos los protege durante un tiempito, ellos contribuyen para siempre. La diferencia: estos inmigrantes deben permanecer rehenes de este país, sin elementales derechos a viajes y a reencuentros o reunificaciones familiares.
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Tristeza. Hasta ahí llega el humor. Al conocer el drama de familias trabajadoras y emprendedoras en el área de Washington —donde se ubica la segunda población más nutrida de salvadoreños en EE.UU.— se me viene a la garganta la acidez Tenchis. Muchos han tenido que traer a sus hijos utilizando coyotes porque no podían soportar más la separación. Porque los estaban perdiendo. Porque no es justo ser inmigrante temporal cuando tu trabajo y tu contribución es permanente. Gracias a Estados Unidos por la residencia temporal en momentos de necesidad: ahora es el momento de conseguir la residencia permanente. El presidente salvadoreño, Tony Saca, nos lo dijo así: sería un hermoso legado presidencial poder conseguir que los salvadoreños con TPS se conviertan en residentes permamentes. También el embajador, René León, persigue ese sueño y, en época de reinscripción al TPS, hace de la diplomacia un arma de activismo y promoción social. Visita a las comunidades que habitan la Unión y hasta le pega simbólicas patadas al balón con La Chelona, El Mágico o El Pajarito: dioses del olimpo futbolístico cuscatleco. Todo para concientizar sobre los derechos y deberes que otorga el TPS. Como dice La Tenchis: lo que se tiene hay que guardarlo. Aunque sean éstos malos tiempos para la lírica y la inmigración.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, September 14, 2007

¿Quién habla de la positiva realidad latina?

La Esquina
¿Quién habla de la positiva realidad latina?

No lo hacen los medios de comunicación en inglés. No lo hacen la mayoría de los políticos en el Congreso. No lo hacen la mayoría de los líderes políticos locales. No lo hacen los representantes del poder empresarial. Ni siquiera todos los medios de comunicación en español lo hacen. Vayamos por partes: lo que abrumadoramente se ve, se oye y se lee en inglés sobre los latinos en Estados Unidos tiene que ver con los indocumentados (casi nunca como tragedia humana, sino como sucesos criminales) y con la supuesta “invasión” que sufrimos los sufridos estadounidenses. Aunque los datos reales —estudios económicos, demográficos, reportes oficiales de los estados— contradigan la tesis de la invasión, del robo de empleos y del uso abusivo de servicios públicos, esos medios siguen alimentando esa percepción. Además, cuando reportan sobre los latinos siempre se nota esa “otredad”: somos el otro, el raro —claro que en pocas décadas los latinos seremos la mayoría de los estadounidenses. Hay que cambiar el discurso y las imágenes. O el canal.

Políticos. Sólo entienden de realidad latina cuando se trata de contar votos, como el usurero las monedas. Pero pocos hoy demuestran normalidad (no les pido comprensión ni compasión) hacia la pujante realidad latina. Utilizan lo indocumentado como arma política y se olvidan de contar nuestra realidad. Han decidido no manejar la realidad migratoria —es complejo y trabajoso— para entregarse en brazos de la demagogia del estereotipo y el miedo. Seguirán mordiendo tamales sin desenvolverlo de la hoja del maíz. Deberán pagar en las urnas.

Empresarios. Hace poco le escuché decir al secretario de Comercio de EE.UU., Carlos Gutiérrez, que las redadas y la represión al indocumentado estaba dejando frutas y vegetales pudriéndose, sin recoger, en los campos estadounidensesa. Gutiérrez hizo un chiste: temía que llegara el día en que tendremos que importar de China nuestros productos del campo. Ahora es también un chiste de Caicedo. ¿Dónde está el empresariado en la ecuación inmigración/indocumentado? Algunos de esos empresarios son hispanos. Y algunos detentan medios de comunicación donde prima lo escandaloso, lo ridículamente lascivo, lo superficial o el latino como víctima. La imagen de uno empieza en casa. ¿Deberemos esperar a que las gloriosas cifras de la realidad latina sean más claras y contundentes para que los bocazas se tengan que morder los zapatos? No falta mucho para que el voto latino decida elecciones. ¿Pero cuántos latinos con posibilidades están cabildeando, donando en campañas, influyendo? La presencia demográfica de la comunidad latina es poderosa en los cuatro puntos cardinales de esta nación. ¿Pero cuánto falta para que podamos ver a nuestras familias, a nuestros hijos, a nuestros profesionales, a nuestros artistas, reflejados con la dignidad y la normalidad que merecen? No hay que quedarse sentados.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Monday, September 10, 2007

¿Razones para destruir a los vulnerables?

La Esquina
¿Razones para destruir a los vulnerables?

No conozco a ningún inmigrante indocumentado que no admita que llegó a este país sin papeles, corriendo un enorme riesgo. Conscientes de que su decisión quebranta las leyes de Estados Unidos, las voces y los rostros que escucho y que conozco reflejan la angustia y la incertidumbre: el precio a pagar para quienes huyen de su país hacia El Norte. Me han contado historias de hijos que han llegado a nuestra área sin un pie —sesgado por las ruedas de un tren en México—, de madres que cruzaron la frontera “entabladas” en camiones de carga, de familias que se perdieron en el desierto y se reencontraron meses después en Maryland. Estas y otras personas —que hoy tengo en mi mente mientras escribo— viven y trabajan entre nosotros indocumentados o en el seno de familias con estatus migratorios mixtos. Y sectores de nuestra sociedad les dice que deben marcharse, que sus contribuciones no cuentan. Y algunos políticos los utilizan de chivos expiatorios, haciéndoles culpables de todos los males.

Soledad. Y aislamiento parece ser la alternativa que les dan desde condados como Prince William y otras jurisdicciones donde se ha decidido que el acoso y derribo del indocumentado es política prioritaria. Ante este ambiente, no nos sorprende que circularan panfletos de la organización racista Ku Klux Klan en Manassas al tiempo que unos 7.000 inmigrantes ejercían su derecho a manifestarse contra la resolución del condado de cortar el acceso a servicios públicos a quienes no prueben satisfactoriamente su estatus migratorio. Pero no todo es hostilidad. De hecho, la mayoría no ve al indocumentado como enemigo.

Solidaridad. Es una palabra sencilla y difícil de pronunciar. Pero la olvidan quienes se niegan a ver el rostro humano del indocumentado. Y su contribución al crecimiento económico del país. Están en el área por cientos de miles y en la nación por millones. Pandilleros y criminales, muy pocos. Terroristas, ninguno. Trabajadores, la inmensa y gloriosa mayoría. Y los estadounidenses lo saben. La pasada primavera, las encuestas decían que seis de cada diez ciudadanos (67 por ciento) favorecen legalizar a los indocumentados sin antecedentes penales, con historial de empleo y si pagan una multa. Un 59 por ciento dijo que hay que darles la oportunidad de lograr la ciudadanía una vez que se hayan regularizado. Pero los encuestados se mostraron fuertemente divididos en el tema de la reunificación familiar —uno de los temas clave en los derechos humanos de los inmigrantes. Un 51 por ciento favorece la entrada de inmigrantes con cierto nivel de educación y darle menos énfasis a criterios basados en la unidad familiar. Esas voces no las oyen los políticos locales que tocan tambores de guerra contra una realidad positiva a la que temen porque ignoran los múltiples aspectos de la realidad migratoria. Y prefieren crear tensión antes que establecer marcos racionales y democráticos de convivencia. Es imperdonable.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com