Friday, August 31, 2007

Sobre boicots, marchas y resultados

La Esquina
Sobre boicots, marchas y resultados

El derecho a protestar es sagrado. Defenderse ante la agresión es más que un legítimo instinto humano. Es un derecho civil. Cuando se intentan aprobar normativas a nivel local, de condado, que ofenden a toda una comunidad y pondrían contra las cuerdas del desamparo a sectores vulnerables de nuestra sociedad, hay que alzar la voz. La Junta de Supervisores de Prince William votó, el martes 10 de julio, en forma unánime a favor de una resolución para privar de servicios a personas que no puedan probar su estatus migratorio, al tiempo que le daría a la policía poderes para detener indocumentados. Entonces la comunidad latina protagonizó una alta asistencia a la reunión del condado —unas 300 personas se concentraron dentro y fuera del edificio. Luego, tal y como el temor creció en el seno de esta comunidad, la organización Mexicanos Sin Fronteras llegó a concentrar a más de 1.000 personas en sus asambleas. Hoy cuentan con 300 voluntarios que en estos días llamaron al boicot económico en Prince William.

Dos voces. La campaña que se inició el 27 de agosto culminará el 3 de septiembre en su primera fase —alcanzando su climax con una concentración, el domingo 2 a las 3 pm ante el McCoart Administration Building, en Woodbridge. La inciativa, apoyada por CASA de Maryland, pidió el boicot a los negocios de Prince William —excepto a los que son propiedad de inmigrantes. En paralelo, surgió la voz de un sector del empresariado latino de Virginia que busca crear un movimiento de cabildeo político que frene o reduzca la intensidad de los ataques contra la comunidad latina, disfrazados de regulaciones locales.

Un objetivo. El boicot, las marchas y las concentraciones son un derecho amparado por la Constitucion de este país. Nada nuevo. Pero hay algo distinto en este escenario del desespero: junto a la reacción desesperada en la calle, aparece la voz no menos ruidosa de un empresariado que se reconoce en los rostros de muchos indocumentados. Cuando se ataca a los inmigrantes, no se menoscaba sólo al cliente de las empresas hispanas; se ofende también la historia de éxito que representan muchos hombres de negocios latinos que viven en el área metropolitana. Eso quedó claro, el martes 28, durante una reunión en el restaurante Cerro Grande en el Springfield Mall. Se está construyendo un discurso social paralelo, democráticamente saludable: los trabajadores maduran el nivel de conciencia en la nueva sociedad en la que se insertan y los empresarios descubren que tienen un puesto de privilegio para presionar a quienes toman decisiones a nivel de gobierno. El objetivo común es tan sólido como múltiple: destruir el estereotipo de una comunidad inmigrante latina fácil de arrinconar, construir la imagen positiva de quien vive y trabaja entre nosotros —que el gobierno federal asuma responsabilidades en lo laboral y migratorio—, así como educar e influir a los políticos. Estamos creando espacios de poder. Enhorabuena.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, August 24, 2007

Carta a un enemigo de esta columna

La Esquina
Carta a un enemigo de esta columna

Mi querido enemigo: pensaba que los mensajes hostiles, anónimos y amenazantes se habían terminado. Pero no. El lunes 20, escuché su voz grabada en la centralita de este periódico. Le agradezco su atención a esta columna. Le agradezco su opinión y su desacuerdo. Pero más le agradecería que, ejerciendo el sagrado derecho a la libertad de expresión, enviase una carta o una opinión firmada. Otros lo han hecho, entre ellos, un alto cargo del grupo Minuteman. Su voz es tan valiosa como la mía. Su rechazo al inmigrante indocumentado —que nunca compartiré— es tan respetable, como mi solidaridad con aquellos que viven y trabajan entre nosotros, sin papeles, para las empresas estadounidenses. Pero no ponga palabras en mi boca: no defiendo a criminales ni a quienes muerden la mano que les ofrece el pan.

El mensaje. Usted dice: “Señor Avendaño: un grupo de amigos y yo estábamos hablando que sería magnífico poder averiguar dónde usted vive y prepararnos unos letreros y meternos en su casa‚—sin permiso suyo, claro— y que los letreros digan: ‘Aquí estamos y no nos vamos’. Yo creo que usted no nos va a botar de su casa con esos letreros porque eso es lo que usted dice. Claro que esto no lo vamos a hacer porque no somos descarados para llegar a un lugar donde no nos invitan, donde estamos completamente ilegales y quedarnos contra la opinión de sus dueños... Y el periódico del 3 de agosto donde usted sueña con ver a los inmigrantes gritar ‘¡Legales al fin, legales al fin, legales al fin...!’ Búsquese una buena silla para estar bien cómodo porque no va a pasar. Se muere y no lo va a ver. Pero por lo menos no se va a cansar”.

El Tema. Es difícil el tema migratroio cuando se observa o se reacciona desde el aislacionismo y desde el rechazo irracional hacia el otro. El inmigrante indocumentado es parte de la realidad demográfica y económica de Estados Unidos. Los que llegan traen con ellos dramáticas historias humanas y entregan positivos resultados a la economía local y nacional. Esto no lo digo yo. Los datos en que me baso son oficiales. La función de nuestro gobierno y de nuestra sociedad es manejar, controlar e integrar esa realidad para que se compartan beneficios y obligaciones. La realidad migratoria indocumentada que yo conozco —con nombres y con rostros— no es criminal ni terrorista, no es ladrona ni usurpadora. Es generosa y trabajadora. Hay muchos políticos en este país que lo saben y lo reconocen. Por desgracia y por ahora, la agenda inclusiva, compasiva y pragmática (es decir, egoista, práctica y realista) no triunfa en este país. Pero no nos confundamos —mi querido enemigo—, la agenda pro inmigrante (indocumentados incluidos) es humanista y hasta conservadora, pro negocios, ya que pone el interés económico al servicio de los trabajadores necesitados. Por eso es absurdo escuchar voces conservadoras pedir deportaciones masivas y leyes que rompen el futuro crecimiento del país. Se puede construir sin destruir.
—Aberto Avendaño

alberto@eltiempolatino.com

Friday, August 10, 2007

Responsabilidad: estar alerta contra el fraude

La Esquina
Responsabilidad: estar alerta contra el fraude

Recientemente visitó las oficinas de El Tiempo Latino una representación de la Oficina de Protección al Consumidor de la Federal Trade Commission (FTC). Encabezados por Álvaro R. Puig y la abogada Rosario M. Méndez habían contactado esta publicación para conversar con el equipo comercial y de ventas sobre un tema que nos afecta a todos: el fraude en la comunidad latina. Los medios de comunicación, impresos y electrónicos, podemos ser víctimas de anunciantes deshonestos y distribuir inadvertidamente información de productos o servicios que pueden ser falsos o no ajustarse a la realidad que anuncian. El Tiempo Latino cuenta con mecanismos para detectar y rechazar los anuncios fraudulentos; pero no somos invulnerables al fraude. Ahí es donde entra en acción el papel educativo de la FTC.

Bandera Roja. Es lo que hay que levantar, según la FTC, cuando como consumidores recibamos ofertas que son demasiado buenas para ser ciertas. Un ejemplo son las afirmaciones falsas sobre pérdida de peso. Una afirmación es demasiado buena para ser cierta si dice que el producto “causa una pérdida de peso dos o más libras por semana durante uno o más meses sin hacer dieta ni ejercicio físico” o si “causa una pérdida sustancial de peso sin importar qué y cuánto coma el consumidor”. Al consumidor se le pide que sea astuto y que sea escéptico. En un tema médico que afecta a la comunidad hispana de manera especial, como la diabetes, la FTC advierte que se debe estar alerta ante publicidad que anuncian “curas” porque es un indicio de estafa y recomiendan ma ntenerse alejados “de cualquier producto del que se diga que es un gran adelanto científico”.

Informarse. El Tiempo Latino dedica habitualmente espacio a noticias en las que se cuenta el fraude probado o los posibles fraudes y se complementa la noticia con “tips” de expertos. Pero como la información es siempre la mejor arma, hay que reiterar que el gobierno cuenta con un sitio web en español: ftc.gov/espanol y una línea telefónica también gratis y en español: 1-877-FTC-HELP. La literatura informativa de la FTC es amplia y abarca prácticamente toda la gama de publicidad engañosa a la que podemos estar expuestos: desde préstamos con cargo adelantado, estafas de reparación de crédito, de trabajo en casa, ofrecimientos de alivio de deudas, o robo de identidad, hasta cómo financiar la compra de un auto o cómo reducir las llamadas de telemercadeo no deseadas. El consumidor hispano es parte de una creciente fuerza económica que lo hace más vulnerable al fraude. Recibe ofrecimientos de servicios y productos como nunca antes. Consultar información práctica y educativa antes de gastar el dinero, sin duda ayuda a tomar mejores decisiones. Por eso la FTC, la agencia nacional de protección del consumidor, difunde hoy más contenidos en español. Como siempre, la información es poder.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, August 3, 2007

Promocionar la esperanza: la voz del optimismo

La Esquina
Promocionar la esperanza: la voz del optimismo


Acabo de borrar todos los mensajes grabados en el contestador automático de mi oficina. Dicho así no suena a frase digna de titular. Y no lo es. Pero los mensajes eran de odio, amenazantes e insultantes. Los mantenía para compartirlos con amigos, para pedir consejo, para recordar que hay quien rechaza con violencia el mercado libre de las ideas. Algunos mensajes atacaban la existencia de la prensa en español y mi nombre, como director de este medio.Pero la gran mayoría de los mensajes —como una docena— eran virulentas voces contra lo que cada semana se escribe en esta esquina.

Insultos y consejos. La tónica de los mensajes indicaba un rechazo agrio a los artículos en los que se defiende al indocumentado como un ser que contribuye económicamente a este país y cuya presencia aquí debe ser normalizada en un marco legal realista y humano. Los datos económicos no los invento, los proporcionan fuentes oficiales. Y una política migratoria pragmática y humanista, que integre y no desintegre es un ideal que de hacerse realidad nos hará a todos dignos y orgullosos ciudadanos de este país. Defender esto me ha convertido en “amigo de ilegales” que merece ser encerrado en una “fosa séptica” o morir bajo la misma m... que hablo. Escuchar cosas así me hizo sentir angustia, no miedo. Entonces, el periodista de Univisión Jorge Ramos —a quien me une una discreta amistad profesional— me dio un consejo: “enfócate en las personas que siguen tu trabajo con actitud positiva... no en los que intentan destruirte”. Otros dijeron: mantén la voz del optimismo. Por eso hoy termino en La Esquina con una respetuosa y atrevida paráfrasis de las palabras de Martin Luther King Jr.

El sueño. A pesar de las dificultades y de la incomprensión de algunosx. Todos compartimos un sueño cuyas raíces se encuentran en los fundamentos de esta naciónx El sueño de que un día, pronto, la injusticia y la hostilidad hacia el inmigrante y hacia el indocumentado se transformen en comprensión y hermandadx El sueño de que los hijos de los indocumentados sean juzgados no por el hermoso y valiente crimen de sus padres, sino por la fuerza de su carácter y los logros en sus estudiosx El sueño de que esos padres, esas madres, esas familias se unan sin mediación del coyote o del pollerox Sin el sufrimiento de tener que arrastrarse en la frontera... El sueño de que quien trabaja y contribuye sea apreciado no por el estatus migratorio, sino por el amor a su comunidad y el amor a su familiax El sueño de que nuestros políticos dejen el politiqueo y establezcan el terreno de juego legal para que quien lo merezca se legalice y prospere... El sueño de soñar que sostengo en mis manos el texto de una ley de reforma migratoria amplia y compasiva firmada por el presidente de los Estados Unidos. Y despertarme del sueño y ver en mis manos el documento de la ley y escuchar a toda la comunidad inmigrante gritar: ¡Legales al fin, legales al fin, legales al finx!

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com