Indocumentado: el miedo, el mito y la realidad
La Esquina
Indocumentado: el miedo, el mito y la realidad
No hace mucho en la historia de este país, cuando la población negra de Estados Unidos luchaba por sus derechos civiles y humanos los medios de comunicación mostraban al afroamericano objeto de un arresto, reprimido por la policía o protagonista de actos de violencia callejera. Las imágenes de televisión y las crónicas periodísticas retrataban a lo afro estadounidense como lo otro, lo ajeno, lo peligroso. Muchas décadas después, con la población negra ya convertida en miembros de pleno derecho de la sociedad, el protagonista de ese mensaje negativo y dañino es el trabajador inmigrante indocumentado —y por extensión todo inmigrante latino, de cierto color y características físicas que los medios y algunos comunicadores se obsesionan en esteriotipar en sus historias. Así se crean las historias para no dormir. Así se genera el miedo.
Corre, latino, corre. La imagen de inmigrantes desesperados corriendo para entrar ilegalmente por la frontera sur está siendo utilizada por algunos medios (ésos son los que hay que apagar, Mr. Schwarzenegger) para hacer de la tragedia humana un arma cargada de odio y mensajes falsos, injustos e injustificados. La mayoría de los latinos no salimos en TV ni se habla de nuestra floreciente realidad en los papeles. Quienes se han apoderado de los altoparlantes hacen creer que todos somos indocumentados y que venimos aquí a vivir del “welfare”. Que nos colamos por la frontera con México para robar el trabajo de los sufridos ciudadanos. Que somos jóvenes solteros y violentos que visten camisetas sudadas por las esquinas. Que abarrotamos las escuelas de niños “ilegales”. Que no pagamos impuestos. Esos son algunos mitos.
La realidad. El reciente documento de la Administradora del Texas, las declaraciones de dos presidentes de la Reserva Federal e investigaciones de organizaciones no partidistas como el Urban Institute lo confirman: el indocumentado no es una carga, es hoy una realidad positiva en las comunidades. Más del 90 por ciento de los indocumentados trabajan, según estudios. Es un índice superior al de los ciudadanos o residentes. Además el indocumentado no es elegible para “welfare”, “food stamps”, “Medicaid” y la mayoría de los otros beneficios públicos. Un estudio revela que entre el 25 y el 40 por ciento de los indocumentados de hoy entraron legalmente al país —algunos sobrepasaron el tiempo que les permitía su visa y otros simplemente violaron los términos de su admisión. La mayoría de los indocumentados conviven con sus parejas o con otros familiares. Más de dos tercios de los niños que tienen padres indocumentados son ciudadanos estadounidenses por nacimiento que viven en familias de estatus mixto. Pagan impuestos de vivienda y otros impuestos que ayudan a financiar las escuelas públicas y otros servicios a nivel local de los que no siempre se benefician. Además, contribuyen más de $7 mil millones al fondo del Seguro Social que nunca podrán reclamar.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com






