Mr. Bush, Stop the Raids, Please
La Esquina
Mr. Bush, Stop the Raids, Please
El viernes, 18 de mayo, las páginas de este periódico y los medios de comunicación en español de todo el país comentaban la esperanza de una reforma migratoria. Un día antes, un panel bipartidista del Senado había llegado a un delicado compromiso para comenzar a debatir lo que promete ser una propuesta de ley que nos pondría en camino hacia una ley que, después de 40 años, renovaría el actual e inservible marco legal migratorio. Hasta aquí todo muy esperanzador. Aunque quebradizo y confuso. Ese día estuvimos en radio El Zol comentando la noticia con el conductor del show de la mañana, Pedro Biaggi. Al finalizar el programa, una mujer nos visitó en la estación de radio. Dijo que acompañaba a una joven madre asustada: ICE había invadido su hogar y la había amenazado.
Represión innecesaria. El jueves 17 de mayo la noticia por una reforma migratoria llenó de esperanza a muchos trabajadores. Pocas horas después, la madrugada del 18 de mayo, una patrulla del Servicio de Inmigración, ICE, golpeaba la puerta de una casa en Hyattsville, Maryland. Supuestamente buscaban a una persona que ya no vivía allí. La casa es propiedad de una pareja con dos hijas pequeñas quienes rentan la parte de arriba de la vivienda para ayudarse con los pagos de la hipoteca. Al no encontrar a quien buscaban, los oficiales de ICE pidieron documentos a los inquilinos y arrestaron a dos personas. Antes de irse, alumbraron con sus linternas los rostros aterrados de la madre y de sus dos bebitas.
“We’ll be back”. Eso le dijeron a la joven mamá, cegándola con la luz de la linterna. Cuando llegó a su trabajo en el Distrito, la joven todavía temblaba. Una compañera de trabajo decidió pedir el día libre para acompañarla hasta la estación de radio. Allí entró en contacto con autoridades consulares y habló telefónicamente con la organización Ayuda de D.C. con quienes acordó una cita para recibir asesoría. Esta historia ilustra la tensión innecesaria y el sufrimiento familiar que una institución como el ICE está provocando al tiempo que soplan nuevos vientos para la realidad de los inmigrantes que viven y trabajan entre nosotros. No hay duda de que los oficiales de inmigración deben obedecer órdenes y hacer su trabajo. Lo que cuestionamos es que se institucionalice la esquizofrenia de enviar mensajes oficiales de esperanza cuando en paralelo se mantiene la política represiva de acoso y derribo al inmigrante trabajador indocumentado. El poder tiene la obligación de ser cuidadoso con los derechos humanos, más allá de estatus migratorios. El futuro de esta joven madre y sus hijas es promisorio en este país. ¿Por qué aterrorizarlas? Mr. Bush, ordene el fin del terror.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com






