Friday, May 25, 2007

Mr. Bush, Stop the Raids, Please

La Esquina
Mr. Bush, Stop the Raids, Please

El viernes, 18 de mayo, las páginas de este periódico y los medios de comunicación en español de todo el país comentaban la esperanza de una reforma migratoria. Un día antes, un panel bipartidista del Senado había llegado a un delicado compromiso para comenzar a debatir lo que promete ser una propuesta de ley que nos pondría en camino hacia una ley que, después de 40 años, renovaría el actual e inservible marco legal migratorio. Hasta aquí todo muy esperanzador. Aunque quebradizo y confuso. Ese día estuvimos en radio El Zol comentando la noticia con el conductor del show de la mañana, Pedro Biaggi. Al finalizar el programa, una mujer nos visitó en la estación de radio. Dijo que acompañaba a una joven madre asustada: ICE había invadido su hogar y la había amenazado.

Represión innecesaria. El jueves 17 de mayo la noticia por una reforma migratoria llenó de esperanza a muchos trabajadores. Pocas horas después, la madrugada del 18 de mayo, una patrulla del Servicio de Inmigración, ICE, golpeaba la puerta de una casa en Hyattsville, Maryland. Supuestamente buscaban a una persona que ya no vivía allí. La casa es propiedad de una pareja con dos hijas pequeñas quienes rentan la parte de arriba de la vivienda para ayudarse con los pagos de la hipoteca. Al no encontrar a quien buscaban, los oficiales de ICE pidieron documentos a los inquilinos y arrestaron a dos personas. Antes de irse, alumbraron con sus linternas los rostros aterrados de la madre y de sus dos bebitas.

“We’ll be back”. Eso le dijeron a la joven mamá, cegándola con la luz de la linterna. Cuando llegó a su trabajo en el Distrito, la joven todavía temblaba. Una compañera de trabajo decidió pedir el día libre para acompañarla hasta la estación de radio. Allí entró en contacto con autoridades consulares y habló telefónicamente con la organización Ayuda de D.C. con quienes acordó una cita para recibir asesoría. Esta historia ilustra la tensión innecesaria y el sufrimiento familiar que una institución como el ICE está provocando al tiempo que soplan nuevos vientos para la realidad de los inmigrantes que viven y trabajan entre nosotros. No hay duda de que los oficiales de inmigración deben obedecer órdenes y hacer su trabajo. Lo que cuestionamos es que se institucionalice la esquizofrenia de enviar mensajes oficiales de esperanza cuando en paralelo se mantiene la política represiva de acoso y derribo al inmigrante trabajador indocumentado. El poder tiene la obligación de ser cuidadoso con los derechos humanos, más allá de estatus migratorios. El futuro de esta joven madre y sus hijas es promisorio en este país. ¿Por qué aterrorizarlas? Mr. Bush, ordene el fin del terror.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, May 18, 2007

El precio de la libertad de expresión

La Esquina
El precio de la libertad de expresión

En los tiempos que vivimos, ni mejores ni peores que otros, sino nuestros tiempos, debemos guardar más que nunca un exquisito equilibrio entre nuestro derecho a expresar ideas y el derecho de los demás a rechazarlas. Debemos entender que es nuestro deber defender la libre circulación de las ideas, como comunicadores, periodistas, lectores, y como personas activamente involucradas en el devenir social. No debe haber fronteras ni peajes que interrumpan el libre mercado de las ideas. Hay que entender esto como sociedad, pero también como individuos. El precio es aceptar el debate, el intercambio y la lucha saludable por consensuar agendas e incluso por imponerlas a través de victorias democráticas.

O conmigo o contra mí. Esa es la peor de las filosofías. Una en la que ha caído el Gobierno del presidente George W. Bush durante demasiado tiempo al adentrarse en el laberinto-made-in-USA de Irak. Pero también una filosofía en la que caen con demasiada frecuencia muchos de los activistas que encabezan el actual movimiento por los derechos civiles de los inmigrantes indocumentados. Hace unos días escuchamos —y no es la primera vez— a líderes comunitarios criticar a “esos medios de comunicación que hablan de falta de unidad” diciendo que “deben dejar de hablar de esas cosas”. Naturalmente esta columna se da por aludida. Y también El Tiempo Latino como periódico. No hace mucho, en una reunión en Maryland con presencia política de alto rango se dijo: “ustedes los medios en español deben...”

No dictar. Esa es la primera regla. Los “medios en español”, o hispanos, o latinos, debemos ser medios de comunicación por encima de todo. Seguidores de los estándares periodísticos de la profesión a la que nos debemos. Nuestro foco editorial y la lengua en la que nos expresamos no nos puede hacer más propensos o vulnerables a seguir ciegamente las agendas de quienes dicen ser nuestros aliados. La prensa real no tiene aliados. Nuestra función es informar, investigar, opinar... ser puente entre comunidades e ideologías. Nunca seguir el dictado de quienes se creen ser dueños de la verdad —y a lo mejor lo son. Esa no es nuestra
preocupación. En algunos comentarios de activistas latinos, algunas cartas de lectores y muchos mensajes anónimos vemos una ansiedad legítima por querer influenciar directamente nuestro trabajo. Nos honra que ejerzan con nosotros su inalienable derecho a la libre expresión. Muchos de nosotros venimos de lugares donde en algún momento de nuestra vida personal y profesional hemos sufrido la represión, la censura, el dictado. Por eso apreciamos los espacios de libertad en la vida, en la política, en la prensa, en los negocios... Y nos hace feliz vivir en acuerdo y en desacuerdo.

—Alberto aAvendaño
alberto@eltiempolatino.com

Thursday, May 10, 2007

El odio, la realidad y el miedo

La Esquina
El odio, la realidad y el miedo

El Tiempo Latino y, en particular, esta columna ha recibido en los últimos días un buen número de mensajes amenazadores. Los mensajeros del odio atacan a este periódico por informar sobre la realidad inmigrante, incluso por defender el español como lengua de Estados Unidos. Otros se ensañan con esta columna y con su autor, al que califican de m... y al que cuestionan sus credenciales y hasta su experiencia como inmigrante —dejaré para otro día contarles mi vida. Pero, si cabe, los mensajes que más ofenden son los que insultan a los trabajadores indocumentados. Las palabras son irreproducibles. El odio al ser humano y la falta de compasión y comprensión... duelen. Pero el miedo no es una opción.

Un momento crucial. Eso es lo que vivimos. No sólo en el tema migratorio. También en nuestro futuro como nación de ideales, diversa y fortalecida. Las tendencias en el crecimiento poblacional hablan de una imparable realidad latina estadounidense —sólo una parte debido al fenómeno migratorio. La mayoría como resultado del nacimiento de estadounidenses de origen latino. Quienes desean atacar esa realidad están negando una parte importante del tejido social, cultural y económico de Estados Unidos. A los que envían mensajes les pedimos que se identifiquen para poder publicar su punto de vista. No les pedimos que estén de acuerdo. Sólo respeto. Vivir y dejar vivir. Por eso, a continuación, repetimos el párrafo que más ha sido atacado, la semana pasada, en los mensajes de odio recibidos en nuestra redacción.

De aquí no sale nadie. La realidad, explicada por economistas, universidades y estudios nada sospechosos de pro inmigrantes, indica que la fuerza laboral documentada e indocumentada del país es imprescindible para el funcionamiento y crecimiento de nuestra economía. ¿A qué viene entonces la actitud hostil? Y la información falsa que se nutre a las audiencias de los medios en inglés todos los días. A qué viene la aparición de propuestas migratorias que son fantasías irreales e irrealizables —no sólo las multas, sino el pedirles a los indocumentados que trabajan y mantienen a sus familias que se vayan porque les prometemos que les dejaremos entrar de nuevo algún día. ¿Para qué tanto caminar en círculos? Faltan pantalones y faldas bien puestas en nuestra política nacional para decirles a los estadounidenses —latinos y demás— lo que ya saben o se imaginan: que la comunidad inmigrante está aquí para quedarse y reciclar el espíritu estadounidense. Que no es sólo quien cocina, limpia o construye. Son los nuevos profesionales. Y los hijos nacidos aquí que son de aquí. Y el nuevo Estados Unidos se debe edificar sobre esa sólida base multicultural y, en nuestro caso, hemisférica. Faltan líderes que lo cuenten.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, May 4, 2007

En la unión no estuvo la fuerza

La Esquina
En la unión no estuvo la fuerza

En la desunión se creó el 1 de mayo cierto ambiente de desconcierto entre la comunidad latina del área metropolitana que está atenta, ansiosa o que simplemente es solidaria en el tema migratorio. CASA de Maryland convocando a caminar con carteles ante la sede del partido Republicano y del partido Demócrata. Mexicanos sin Fronteras ayunando en la Mt. Pleasant. Y luego una marcha de más de 1.000 personas, a la que asistieron niños y familias, partió del parque Malcolm X y culminó en la Mt. Pleasant después de recorrer buena parte de los barrios latinos del Distrito. Allí estuvo también el Comité de DC Pro Derechos de los Inmigrantes. Lo siguiente: para el 2 de junio, la Coalición de Inmigración del Área de Washington convoca a una marcha multitudinaria. Y a uno le queda la sensación que entre siglas de grupos y actividades atomizadas y dispersas la tensión, el foco, se diluye como azúcar en el agua.

Temor a la nada. A que mientras en el Congreso se marea la perdiz migratoria, en las calles no existe un liderazgo al que el establecimiento político del país tema o sienta que debe prestar atención. A que las multas del presidente Bush para ser compasivo con los indocumentados sólo ayuden a que los trabajadores se mantengan en las sombras. A que las luminarias políticas salgan con otra proposición de ley y nos dejen rascándonos la cabeza para valorar la mejor. Y terminamos con la sensación de que estamos entrando en los grandes almacenes de la política anunciándonos sus grandes ofertas migratorias con la palabra ¡SALE! en grande y rojo.

De aquí no sale nadie. La realidad, explicada por economistas, universidades y estudios nada sospechosos de pro inmigrantes, indica que la fuerza laboral documentada e indocumentada del país es imprescindible para el funcionamiento y crecimiento de nuestra economía. ¿A qué viene entonces la actitud hostil? Y la información falsa que se nutre a las audien cias de los medios en inglés todos los días. A qué viene la aparición de propuestas migratorias que son fantasías irreales e irrealizables —no sólo las multas, sino el pedirles a los indocumentados que trabajan y mantienen a sus familias que se vayan porque les prometemos que les dejaremos entrar de nuevo algún día. ¿Para qué tanto caminar en círculos? Faltan pantalones y faldas bien puestas en nuestra política nacional para decirles a los estadounidenses —latinos y demás— lo que ya saben o se imaginan: que la comunidad inmigrante está aquí para quedarse y reciclar el espíritu estadounidense. Que no es sólo quien cocina, limpia o construye. Son los nuevos profesionales. Y los hijos nacidos aquí que son de aquí. Y el nuevo Estados Unidos se debe edificar sobre esa sólida base multicultural y, en nuestro caso, hemisférica. Faltan líderes que lo cuenten.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com