La sensación de que juegan con nosotros
La Esquina
La sensación de que juegan con nosotros
Periódicamente los inmigrantes en este país somos sujeto y objeto del escrutinio, del acoso, de la celebración y de la desconfianza. Los latinos sentimos más esta presión porque somos más. Y la cantidad cuenta y se siente. Y no importa si somos ciudadanos —y nos creamos inmunes al agravio y superiores a los demás—, o si somos residentes o indocumentados. A todos nos llega nuestra parte del empujón. Por eso es tan importante la solidaridad. La sensibilidad de que todos estamos en el mismo barco. De que entre todos construimos una nación al tiempo que nos ayudamosa nosotros mismos y a nuestras familias.
Campañas migratorias. Los últimos años y sobre todo los últimos meses vieron el renacer del orgullo inmigrante. La realidad indocumentada dejó de ser un elemento marginal del discurso migratorio para pasar al frente del escenario político, económico y social del país. La incontenible berborrea antiinmigrante de los ignorantes de habla inglesa en canales de cobertura nacional e internacional se contrarrestó con marchas solidarias en 2006 y los últimos votos en las urnas. Luego surgieron desajustes en un interesante movimiento de derechos civiles y pareció diluirse la tensión como azúcar en el agua. Ahora parece que la tensión se enfoca de nuevo. El pasado jueves 22 de marzo, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes acusó recibo de un proyecto de ley bipartidista que daría a los indocumentados, llegados al país, antes del 6 de junio de 2006, la oportunidad de trabajar legalmente y de solicitar la residencia después de 6 años.
¿Otro proyecto más? No entremos en valorar virtudes y defectos del actual proyecto de ley bipartidista patrocinado por los legisladores Luis Gutiérrez (D-Illinois) y Jeff Flake (R-Arizona). Lo hicimos en su día con el patrocinado por los senadores Edward Kennedy (D) y John McCain (R). Las preguntas son simples: ¿Para cuándo una reforma migratoria que responda de manera realista y no represora a lo que ocurre en las empresas, en las comunidades y en los hogares de este país? ¿Quiénes están obstaculizando el proceso? ¿Por qué uno tiene la sensación de que en el Capitolio se marea la perdiz, se camina en círculos, se evita llegar a la meta? Que alguien explique a qué o a quién se le tiene miedo. ¿No habíamos quedado en que el presidente George W. Bush está dispuesto a firmar en ley una reforma migratoria que ayude “con compasión” a sus amigos hispanos? Siempre se culpa a la derecha xenófoba y timorata republicana de los males del inmigrante y de la represión al indocumentado. La realidad es que la práctica demócrata no ayuda. Los demócratas no saben hacer causa común en el tema migratorio. Por eso los inmigrantes parecemos, a veces, peones de un juego cruel que lastima la vida de millones de personas.
—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com






