Friday, February 23, 2007

Distorsiones del debate migratorio

La Esquina
Distorsiones del debate migratorio


Se acaba de publicar un trabajo académico sobre las contradicciones y distorsiones en el tema de la reforma migratoria por culpa de su inapropiada conexión con el tema de la seguridad nacional. Los profesores Kevin R. Johnson, de la universidad de California, Davis, y Bernard Trujillo, de la Facultad de Derecho de la universidad de Wisconsin, titulan su artículo “Immigration Reform, National Security After September 11, And the Future of North American Integration” (Minnesota Law Review, Vol. 91, 2007). Se trata, según los autores, de un artículo crítico sobre la interferencia de lo represor y lo policial, como expresión de la seguridad, en el necesitado debate para una reforma migratoria amplia.

El 11 de septiembre. Es la fecha que marcó a un país e hizo que el gobierno de turno —aún hoy en el poder— abandonara el acercamiento sin tensiones al tema migratorio, para caer en brazos de una espiral llamada “guerra al terror”. El presidente George W. Bush conversó con el entonces presidente mexicano, Vicente Fox, sobre inmigración en un tono inusual, por lo relajado y ‘compasivo’, para un inquilino de la Casa Blanca. Pero después de los ataques todo cambió. Bush se puso gafas negras y comenzó a propinar palos de ciego a diestra y siniestra. La mejora de la seguridad nacional se relacionó de inmediato con la necesidad de leyes migratorias más estrictas y el aumento de recursos en seguridad fronteriza. Los profesores Johnson y Trujillo argumentan que las medidas han hecho poco por mejorar la seguridad nacional y mucho por alienar a las comunidades cuya ayuda es imprescindible para proteger al país.

Inmigración y terrorismo. La cooperación regional, como parte de una política efectiva después de los ataques de 2001, también es cuestionada en el artículo. Aunque hubo gestos de interacción entre México, Estados Unidos y Canadá poco después del 11 de septiembre, lo cierto es que poco y nada es lo mismo a efectos de seguridad en la América del Norte. Johnson y Trujillo demuestran lo obvio: la llamada ‘guerra al terrorismo’ ha distorsionado el actual debate nacional sobre la reforma migratoria. Las preocupaciones sobre la seguridad han vendado los ojos de este presidente y de su administración y los ha mantenido disparando al aire. Y golpeando, a veces, por desgracia, en la piñata migratoria con la crueldad de las redadas y la destrucción de familias. Con el acoso y derribo de trabajadores honrados que quebrantan la ley por necesidad y para provecho de las empresas estadounidenses. La ausencia de una discusión racional sobre los cambios a las leyes migratorias lastima a todos. El nuevo marco legal debe ser más pragmático para poder abordar las realidades políticas, sociales y económicas de la inmigración moderna. El Congreso tiene la palabra. Ojalá que a este presidente no le tiemble la mano.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, February 16, 2007

Lo histórico y lo actual en la guerra de Irak

La Esquina
Lo histórico y lo actual en la guerra de Irak


El 22 de agosto de 1920 el periódico The Sunday Times de Londres publicó un artículo del teniente coronel T. E. Lawrence titulado “Informe sobre Mesopotamia”. El militar británico, sobre quien Hollywood basó la premiada película “Lawrence de Arabia”, comenzó el artículo con estas palabras: “El pueblo de Inglaterra ha sido conducido a una trampa en Mesopotamia de la cual será muy difícil escapar con dignidad y honor. Ha sido engañado por medio de un sistemático control de la información. Los comunicados de Bagdad son tardíos, poco sinceros, incompletos. Las cosas han ido mucho peor de lo que se nos ha contado, nuestra administración ha sido más sangrienta e ineficiente de lo que el público conoce. Es una desgracia para nuestro expediente imperial y, tal vez, pronto llegue a tal punto de inflamación que no admita una cura ordinaria. Estamos hoy no lejos del desastre” (la traducción es mía).

Resonancias en el presente. La nota de Lawrence, quien sirvió al gobierno británico durante su ingerencia en lo que hoy es Irak, resuena de manera inquietante en el presente. La distorsión de la información y el mensaje equívoco fue la tónica en la justificación de la intervención estadounidense en la Mesopotamia de hoy, como lo fue para los británicos criticados en un artículo hace 87 años: ¿Recuerdan que esta guerra se iba a pagar con el petróleo iraquí? ¿Por qué la reconstrucción se basó en la destrucción de las estructuras del país? ¿Dónde quedó la estrategia de salida? ¿Qué pasó con la caza y captura de Osama bin Laden? ¿Por qué se acosa al indocumentado, pero se le acepta para la guerra?

Congreso de posturas. La Cámara Baja fue esta semana un prisma de voces a favor y en contra de la guerra y del plan presidencial de enviar más tropas a Irak. El martes, el debate se ciñó al guión de cada partido. Ese mismo día, el presidente Bush visitaba a los niños de un centro del YMCA en el Distrito. Sin novedad en el frente, parecía ser el mensaje de la Casa Blanca. O sugiere que los republicanos se reservan para una más significativa confrontación con los demócratas si éstos intentaran limitar fondos para el nuevo despliegue de tropas o requirieran que éstas se retiraran de Irak a corto plazo. Por ahora, en el Congreso se debaten posturas, no acciones. Y todo lo que se le dice al Gobierno es “no vinculante”. Pero la nueva mayoría demócrata —si realmente quiere tener un impacto en la guerra— cuenta con dos precedentes relativamente recientes: el poder legislativo se negó a darle más fondos al ejecutivo en Vietnam y en la guerra de la Contra nicaragüense. Eso significó el fin de ambos conflictos. Los sondeos de opinión indican que el país no cree en los presupuestos de esta guerra, pero no quiere afectar el desempeño de las tropas. Los legisladores deben ofrecer respuestas. Y dejar de caminar en círculos.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, February 9, 2007

En Virginia, por la unidad de los latinos

La Esquina
En Virginia, por la unidad de los latinos


Que la unidad trae la fuerza es algo más que un eslogan estereotipado. Se necesita una voz sólida y consistente cuando los poderes legislativos de la sociedad en que vivimos se empeñan en provocar tsunamis con forma de proyectos de ley que amenazan arrasar a los más vulnerables entre nosotros. Eso es lo que ocurrió en Richmond, el pasado 5 de febrero, durante el “Latino Lobby Day”. Y eso es lo que se proyecta en Annapolis el próximo día 26.

Virginia unida. Unas 120 personas vencieron el frío y se hicieron presentes ante representantes, asistentes
de los representantes y senadores de Virginia en mayor número que el año pasado, cuando a la convocatoria asistieron unas 80 personas. La unidad se dejó ver además en la actitud abierta de la Coalición de Organizaciones Latinas de Virginia al ir de la mano con otras organizaciones del Norte de Virginia y de Richmond. La periodista de El Tiempo Latino, Milagros Meléndez-Vela fue testigo de este espíritu de unidad y abordó al gobernador de Virginia, Tim Kaine, para pedirle su reacción ante las reivindicaciones de los inmigrantes. Kaine, de visita en una iglesia donde se habían congregado los manifestantes, se mostró cauto y comprometido a un tiempo. El gobernador dijo, en el contexto de la celebración por el 400 aniversario de Jamestown, que si Pocahontas no hubiera recibido a John Smith Virginia nunca habría existido. Sin embargo, en la Virginia de hoy, suenan más alto las voces que se niegan a aceptar al inmigrante. Y en lugar de la búsqueda de solución a la realidad del indocumentado, lo único que la Asamblea del Estado propone es represión.

Proyectos de ley. La Cámara Baja de Virginia ya aprobó un proyecto de ley para que la policía local pueda ejercer funciones migratorias, otro para retirar fondos públicos a las organizaciones caritativas que ayudan a indocumentados necesitados y un tercero en el que no permite que los estudiantes con estatus migratorio irregular puedan matricularse como residentes del estado en universidades públicas. Las tres propuestas de ley son ejemplo de atentado contra las relaciones comunitarias de la policía, de falta de sensibilidad humana hacia las personas necesitadas que viven entre nosotros y de mensaje equivocado hacia los jóvenes que están aquí, se han educado aquí y aquí pertenecen. En lo positivo, el Senado virginiano ofrece una salida de integración a los estudiantes que necesitan ajustar su estatus migratorio, por medio de un proyecto de ley que les ofrece matrícula de residentes en universidades estatales. Pero la caza de brujas es la norma. Y no es novedad: podríamos superar el récord de hace dos años cuando se presentaron 500 propuestas sobre temas migratorios en los estados, según datos de la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales. El reto: explicar la realidad con calma y unidad.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, February 2, 2007

Lo humano y lo legal del debate migratorio


La decisión de arriesgarse a un viaje hacia lo desconocido, cruzando fronteras, es un drama humano. Las condiciones del viaje, también. Entablados en el fondo falso de un camión, bajo el hedor y los excrementos del ganado. Hacinados en camionetas y depositados en tierra de nadie. Peregrinando el desierto, arrullados en la noche por la serpiente de cascabel o el silencio del escorpión. Subidos a trenes de muerte y misericordia. Flotando sobre neumáticos inseguros en un río traicionero. Miles mueren en el intento. Cientos de miles consiguen pasar al otro lado, cada año. Millones se han establecido en Estados Unidos después de superar su odisea. Se estima que unos 12 millones de trabajadores indocumentados viven en este país y cabilderos de la empresa privada calculan que un 5 por ciento de la fuerza laboral carece de permiso para trabajar aquí. Hay quien argumenta, con la ley en la mano, que estos empleados irregulares —auténticas víctimas de la historia y de sus circunstancias— son criminales. Es hora de separar lo humano de lo legal en el debate migratorio.

Ley de piedra. La mayoría de los peregrinos indocumentados se emplean en la agricultura, en plantas empacadoras o procesadoras de carne, en el sector servicios y en la construcción. La mayoría del millón y medio de trabajos que toman estas personas son de temporada o intermitentes. ¿Qué ley obligará a los estadounidenses a solicitar estos empleos? ¿Por qué la reacción legal es el acoso y la intimidación, las redadas? ¿No se puede desde la ley negociar un pacto laboral que cumpla con todos?


La reforma que no llega. La ventana de oportunidad se abre entre febrero y julio. Luego se cierra porque el país entra en la recta final de la campaña por la presidencia. Tenemos por delante meses cruciales para conseguir un marco legal que permita regularizar la presencia de los que hoy son indocumentados y que siente las bases de cómo actuar ante el flujo migratorio del futuro. En el Congreso y en la calle debe existir una voz única en favor de quienes pueden demostrar su contribución a la vida económica y comunitaria del país. Las empresas deben tener la oportunidad de ayudar a salir de las sombras a sus empleados indocumentados. Sólo el gobierno puede ofrecer esa oportunidad con una política inclusiva, no hostil. Es lo único que tiene sentido desde un punto de vista humano, legal y económico. El activismo latino y comunitario debe evitar crear falsas expectativas. El paraíso migratorio no existe. Pero es posible la humanización del tema, la descriminalización del sufrimiento que ocupa un enorme espacio en el equipaje del inmigrante. Y que no olvide Estados Unidos —país dado al monólogo— conversar con los países cuya vergüenza es exportar un irreemplazable contingente de seres humanos.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com