Wednesday, January 24, 2007

La larga lista de los candidatos a la presidencia


Los demócratas, es decir, los recién llegados a una delicada mayoría en el Congreso tienen por delante dos años para reclamar el primer premio político del país: la presidencia. La misión de los republicanos es mantener a uno de los suyos en la Casa Blanca. El actual inquilino se va con la música a otra parte y, mientras prepara las maletas, a su alrededor los aspirantes republicanos rezan para que el camino les quede franco y ausente de debacles —léase Irak— o para establecer la estrategia del distanciamiento que se resume en el dicho:ése republicano no soy yo. Pero ese bando todavía carece de forma: sólo el nombre del senador John McCain suena como música de una vieja canción. Con los demócratas ocurre todo lo contrario: hay exceso,
exhuberancia de pretendientes a la presidencia. Tal vez huelen sangre. Suponen que el legado de George W. Bush será tan desastroso que el votante se irá con la oposición sin importar apellidos o credenciales. Tal vez piensen que en las presidenciales del 2008 no se trata de que gane el mejor, sino de que gane el otro. Sea quien sea.

El efecto piñata. Es lo que se produce cuando un partido —en este caso el Demócrata— decide saltar alto para golpear más fuerte. Impulsado por la reciente victoria legislativa a nivel federal y por una presidencia a la deriva con muy poco margen para ayudar a enderezar el rumbo del partido al que representa. Pero la atracción de la piñata tiene sus riesgos: demasiada ansiedad, exceso de contendientes o pretendientes. Demasiados palos para quebrar el símbolo que guarda en su seno el premio mayor: regir los destinos de la nación.

Clinton, Obama, Richardson. Los tres mosqueteros eran cuatro. Por eso a Hillary, Barack y Bill hay que unirles a John Edwards, el que aspirara a vicepresidente con la fallida candidatura de John Kerry en 2004. Pero la lista gira alrededor de algo así como una docena de candidatos para las primarias demócratas. Iowa será el primer campo de batalla en contar votos. Pero será en la South
Carolina State University donde, el 26 de abril, se dispute el primer debate. Estamos seguros de que el escenario es el apropiado y esperamos que el espacio sea lo suficientemente grande. Sin duda la puesta en escena va a contar y mucho en este preambulo electoral. Por primera vez, desde 1928, ambos partidos disputarán la nominación presidencial sin la presencia e influencia directa de un presidente o un vicepresidente en activo como parte de la contienda. Lo que nos espera —junto al enigma de cómo se venderán los candidatos republicanos— es una avalancha de demócratas acusaciones cruzadas que se unirán cual rayo laser contra el objetivo común: la idea de que se va un presidente con su partido bajo el brazo y lo que llega es la esperanza. Será el mayor espectáculo del mundo. Democracia made in USA.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Friday, January 19, 2007

Maryland, retos y rostros sin documentos

EL NÚMERO 61. El nuevo gobernador Martin O’Malley con su esposa Katie y dos de sus hijos durante la ceremonia de inauguración el miércoles 17. Foto: Archivo ETL

Maryland, retos y rostros sin documentos
La llegada al gobierno del estado de Maryland del demócrata Martin O’Malley abre para unos la puerta de la esperanza hacia la integración y la justicia social. Para otros se destapa la caja de los truenos. En el conciliador discurso inaugural de O’Malley, el mediodía del miércoles 17, resaltó la palabra unidad. De su insinuado plan de gobierno de 10 puntos —incluyendo las afirmaciones vertidas durante una entrevista de campaña con la reportera de El Tiempo Latino, Luz Lazo—, destaca el compromiso por facilitar el acceso a la salud y a la educación a los inmigrantes, sin importar el estatus legal. Ahí están dos de los elementos para la tensión y el liderazgo del nuevo gobernador. El tercero: el acceso a licencias de conducir, también, de todos los inmigrantes residentes en Maryland.

Salud y educación. El predecesor de O’Malley, Robert L. Ehrlich Jr. (R) recortó el presupuesto de salud del estado, en 2005, y dejó sin cobertura a miles de inmigrantes —niños y mujeres embarazadas con estatus legal. En 2003, Ehrlich vetó un proyecto de ley que ofrecía matrículas universitarias a precios de residentes del estado a estudiantes que —aunque graduados de escuelas secundarias de Maryland— carecen de estatus migratorio regularizado. Con el actual cambio de guardia en Annapolis, 2007 puede ser el año en que se rectifiquen y profundicen agendas sociales —salud y educación— con el tema migratorio como argumento paralelo. El activismo latino y la izquierda demócrata en la Cámara de Delegados, representada por Ana Sol Gutiérrez (Dist. 18), mantiene un sonoro cabildeo.

Las licencias de la discordia. La era Ehrlich se caracterizó por la abierta oposición del ejecutivo al acceso a licencias de conducir para inmigrantes indocumentados. O’Malley, en campaña, dijo no querer que en Maryland se cree una “subclase” de residentes; alienados por la salud, la educación y el acceso laboral al carecer de licencias de conducir. Ahora, el nuevo gobernador de Maryland llama a la unidad —palabra clave en su discurso inaugural. Estos aspectos del tema migratorio la pueden poner a prueba. El gobernador podría crear nuevas regulaciones o la Asamblea estatal podría ponerle sobre la mesa un proyecto de ley que no supedite al estatus migratorio servicios de salud, educativos o el acceso a las licencias. Pero el primer obstáculo llega en un año, cuando Maryland tendrá que aplicar la Real ID Act, una estricta legislación federal de control migratorio, aprobada en 2005, que obligaría al estado a abandonar la actual política permisiva hacia las licencias de conducir. De no hacerlo, Maryland perdería millones de dólares en ayuda federal. ¿Veremos a O’Malley rebelarse contra el gobierno federal? ¿Es factible su política social ante los casi $2 mil millones de déficit que se avecinan? Continuará.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Wednesday, January 10, 2007

Cambiar el rumbo para seguir igual

La escalada tiene sentido cuando la meta es la cima. En Irak no hay cima, sólo montaña. Por eso, pedir más efectivos militares, más presencia indeseada sobre un terreno hostil con el fin de preparar la retirada, atenta contra la inteligencia de los ciudadanos de este país. Desde la presidencia se nos puede explicar la cuadratura del círculo. Pero nada evita que sea redondo. Ya no importa por qué se invadió Irak. Lo esencial ahora es que se explique quién va a establecer la paz y gestionarla para el futuro. Estados Unidos no puede ser ni protagonista ni intermediario en ese proceso. Ya no. Los escándalos, las incongruencias y la renuncia al diálogo geopolítico —con los enemigos también— nos ha hecho perder lo que algunos llaman la “ventaja moral”. Y nos mantenemos en el laberinto de la montaña propagando el espejismo de que las naciones se reconstruyen sobre las ruinas, como si Irak fuera Europa 1945.

La esperanza de Irak. El vicepresidente de la República de Irak, Tariq al-Hashimi, ofrecía su opinión esta semana en una columna escrita para The Washington Post. No hay que rendirse en Irak, dice al-Hashimi. Y después de enumerar los logros del nuevo Irak —incluída la constitución y un parlamento elegido democráticamente—, asegura que el “nacimiento” de su “nueva nación” no es fácil, pero necesario para todos. De acuerdo. Lo que ocurre es que la democracia estadounidense nos permite revisar las contradicciones de una intervención y exigir la salida. El Gobierno iraquí debería sentarse más a la mesa con todos los países de la región y abandonar el lecho político de Estados Unidos.

Más tropas ¿para qué?. A unos 3.500 efectivos militares asciende el número de integrantes de las 39 brigadas de que dispone el ejército de este país. Cada una de estas brigadas han rotado por Irak. Alguna ha estado hasta 5 veces. Excesivo, según han expresado militares y analistas. Preocupa el desgaste de las tropas, la falta de tiempo para la recuperación física y sicológica, y la reparación del material —un gasto que asciende a $70 mil millones. La otra preocupación es doméstica: si nos estiramos tanto ¿qué capacidad de reacción nos queda en el caso de una emergencia nacional o en otras partes del mundo? ¿O alguien quiere proponer el reclutamiento obligatorio? ¿Para qué? Estados Unidos tiene el segundo ejército más grande del mundo, después de China. La guerra sigue siendo el fracaso de las naciones y de los seres humanos que las representan. Pero cada vez son menos convencionales y el enemigo —único, sólido, vestido y armado— cada vez más difícil de identificar. El fracaso en Irak pasa por ahí. La victoria —que nadie ha definido todavía— pasa por la formación de coaliciones domésticas, regionales e internacionales que sepan encontrar intereses comunes en el desierto. Y contextualizar esa relación
en la asignatura pendiente que es Oriente Medio.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com

Wednesday, January 3, 2007

Llega la hora de la verdad y de la reforma

Los demócratas, después de 12 años en la minoría, se han convertido en el partido que detenta el poder legislativo. El poder ejecutivo todavía está en manos de un republicano, George W. Bush, quien, dos años antes de despedirse de la Casa Blanca, tendrá la oportunidad de gobernar desde el centro por primera vez. Lo que llega al Congreso número 110 es una avalancha de intenciones con doble filo: materializar algunas de las expectativas de los votantes poniéndoles sello de iniciativa demócrata y cercar a un presidente con nuevos y extraños compañeros de cama política. Es la hora de la verdad para Nancy Pelosi, la primera mujer en presidir la Cámara Baja, y su agenda de las 100 primeras horas: ética de los legisladores, aumento del salario mínimo, investigación en células madre y reducir los intereses para préstamos estudiantiles. Cuando pase un minuto de la hora 100 en el Congreso 110 habrá que exigirle al legislativo y al ejecutivo que pongan el reloj en la hora de la reforma migratoria.

La clave del cabildeo. La Asociación Americana de Abogados de Inmigración (AILA, por sus siglas en inglés) y el Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN) anunciaron con el inicio del nuevo año y la llegada del nuevo Congreso a Washington DC, que iniciarán una campaña nacional de cabildeo para que en el Capitolio se retome el tema migratorio y se legisle una reforma “amplia y justa, a más tardar, en los primeros seis meses de este año”. A muchos les preocupa la ausencia de un tema de interés nacional, como la reforma migratoria, en la agenda de la mayoría demócrata para las primeras 100 horas.
Marchar, votar, legislar. A partir del próximo 18 de enero está previsto que AILA y CARECEN comiencen sus actividades de presión por la agenda migratoria en los pasillos del Capitolio. Además aseguran que enviarán peticiones para que se ponga fin a las redadas y al fantasma de las deportaciones indiscriminadas. “Hace algunos meses iniciamos nuestra lucha y decíamos hoy marchamos, mañana votamos. Ya marchamos, ya votamos y ahora caminaremos por los pasillos del congreso organizados y fortalecidos con una meta en común: lograr una reforma migratoria amplia y justa, por el bien de todos”, dijo Jorge Mario Cabrera, director asociado de CARECEN. Es cierto que, como ha dicho el director de Newsweek International Fareed Zakaria, la CNN de Lou Dobbs y su pandilla de virulentos xenófobos continuará presionando; pero un nuevo Congreso, con menos republicanos y sin una elección a la vista, creará un ambiente menos vulnerable para la tiranía de la minoría. Los datos ayudan: la inmigración, legal e ilegal, ayuda a este país en su crecimiento y en su competitividad. Racionalizar este drama humano es función de legisladores y del director de escena: el presidente. Y Bush necesita un legado.

—Alberto Avendaño
alberto@eltiempolatino.com