Se va un año, lo que llega es el presente.
Enero genera esperanzas y el espejismo de que llega un mañana nuevo, el porvenir. Pero no hay novedad en el frente de este futuro que llega porque de inmediato se convierte en nuestro presente. El futuro está aquí, es un ahora irremediable. Estas tempestades se han construído irreparablemente sobre los vientos del pasado. Incluso del año pasado.
Irak y el nuevo curso político. Tendremos un Congreso nuevo que deberá lidiar y hacer malabarismos con ideas viejas, con viejos resentimientos y actitudes que reflejan el no querer ver la realidad estadounidense con compasión y pragmatismo. Ese laberinto político-militar ‘made in USA’ llamado Irak todavía nos traerá de cabeza. La Casa Blanca repite hasta la saciedad que la única opción es la victoria. Pero nadie define la palabra victoria. Mientras, dos palabras: ‘guerra civil’, se autodefinen día a día en las calles de Bagdad, en las riberas del Tigris y del Eufrates, en las arenas donde un día nació la civilización. Cegados por los árboles de la inmediatez geopolítica, nuestros líderes no ven el bosque del diálogo de civilizaciones, la frondosa hermosura de las ideas y de las religiones y de las diferentes concepciones de la vida. Siempre que Estados Unidos ha intentado imponer valores propios en territorios ajenos ha generado rechazo y, sin querer, ha ayudado al extremismo a tomar las riendas de sociedades desbocadas. En Irak le hemos dado una patada al avispero. Tal vez, como escribió T.E. Lawrence —el mítico Lawrence de Arabia— a principios del siglo pasado, no existe “salida honorable” de Irak. Pero es responsabilidad de todos encontrar palabras entre los ahullidos.
Inmigración como asignatura. Se necesita una reforma migratoria integral, pragmática y compasiva para acabar con el ambiente de desprecio al indocumentado, con las políticas de acoso y derribo, con la represión como bala mágica, con el racismo. El presidente George W. Bush dijo que espera que el próximo Congreso apoye su propuesta para una reforma migratoria integral que ofrece legalización para muchos de los estimados 12 millones de indocumentados en el país. El mandatario admitió que las últimas redadas —las mayores efectuadas en lugares de trabajo en la historia del país, con más de 1.200 detenidos— mostraban una necesidad de un programa para quienes quieran realizar los trabajos pero de manera transparente y legal. Lo que falta ahora es valentía política para legalizar a quien lo merece y unificar familias. De no ser así, el fantasma del racismo recorrerá muchas mentes. “El ICE está usando como excusa que las redadas son porque los inmigrantes están robando identidades, pero la verdad es que quieren lograr un sentimiento antiimigrante entre los estadounidenses”, dijo hace unos días el pastor Whit Hutchison, de la Iglesia Presbiteriana Wesley en Washington, D.C.
—Alberto Avendaño
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